Las observaciones de Cavanilles

Por encargo del rey Carlos IV el botánico  Antonio Josef Cavanilles empieza a recorrer España en el año 1791 para examinar los vegetales que en ella crecen. Como buen valenciano, dio principio a sus trabajos en el Reino de Valencia, y así en primavera de dicho año se desplazó a la ciudad de Valencia y se hospedó en el Colegio de la Ciudad, desde allí salió en los diferentes recorridos de cada campaña y buscó la documentación preliminar y posterior. Además en el Colegio organizó los herbarios, dibujos, muestras y anotaciones al final de cada expedición. Al inicio de cada otoño, Cavanilles lo abandonaba para regresar a su gabinete de Madrid.

Los recorridos valencianos del botánico duraron 20 meses distribuidos en tres campañas ( 1791, 1792 y 1793), interrumpidas por retornos invernales a Madrid.

En la segunda excursión del año 1792 ( 9 de Abril a 2 de Junio) Cavanilles llega a Benisa en la noche del 15 de Mayo proveniente de Pego. En Benisa se alojó en casa de Josef Feliu, allí conoció a otros prohombres de la localidad con grandes intereses en la vecina población de Calpe, como Pedro Yvars, Juan Antonio Feliu y Josef Torres Eximeno. El día 16 bajó a Calpe y se acercó al Peñón de Ifach y a la vista de los descubrimientos  de los Baños de la Reina calpinos, Cavanilles y sus amigos decidieron excavar las ruinas con peonaje proporcionado por los señores Feliu, Yvars y Torres. La tarde del 17 bajaron todos ellos a la casa de campo de Feliu (la Casanova) para iniciar al día siguiente al amanecer las excavaciones en los Baños.

A continuación transcribimos íntegramente lo expuesto por el abad Cavanilles en su periplo por tierras calpinas.

 "Casi al sur de Benisa cae Hifác , peñón enorme y casi aislado , que entra en el mar hacia levante como un quarto de legua, dexando por todas partes faldas ásperas é inaccesibles. Mirado de cierta distancia se parece á un navio unido á la tierra por su popa. Llégase á la raiz de esta subiendo cuestas por espacio de una hora , y allí empiezan cortes perpendiculares que continúan como 200 varas: al fin de este trecho empiezan nuevas cuestas para llegar á lo mas alto , lo que se consigue en otra hora : desde allí disminuye sucesivamente la altura hasta la proa o punta oriental , quedando por todas partes picos y quebradas que impiden el paso ó  lo retardan sobremanera. Como los Argelinos infestaban aquellas costas saliendo por las calas á robar hombres y mugeres , se escogieron varios puntos que servían de atalayas para descubrir los piratas , y avisar del riesgo á los incautos pastores y labradores. El mas oportuno por su altura y el mas seguro para los mismos guardas es el peñón de Hifác , á cuya cumbre suben por la popa : vencen los cortes perpendiculares con tres tramos de sogas , sujetadas en otros tantos resaltes del monte , y por ellas suben con suma presteza , llevando consigo con que comer y trabajar durante el día. No es Hifác tan alto como pondero nuestro Escolano , siguiendo la relación de Hiedes ; pues lejos de ser el mas alto de España , como supone , ni aun llega á los del segundo orden del reyno de Valencia : es enteramente calizo , y en partes de mármol blanquecino. Crecen en él muchísimas plantas, algunas de ellas poco comunes en el reyno. Solo examiné la larga cuesta hasta las cuerdas ó cortes perpendiculares , y vi  tunales , palmitos , teucrios , entre ellos el dorado , el iva y el que tiene las flores en cabezuela ; la zíbida , el romero , la escabiosa saxátil , y el espliego con hojas dentadas. Clusio vio esta planta rara en el mismo monte , y  yo la he vuelto á examinar allí , sin haberla visto después en parte alguna del reyno. Muy cerca de las cuerdas hallé en fruto una hipocrepis parecida á la llamada baleárica , el rinanto bartsia , la gatera turmosa , la valancia mural , la vella annua y el trébol estrellado. Iba baxando y pisaba las xaras amarillenta , y las que tienen hojas parecidas al romero y salvia : allí la salsola rosacea de Linneo forma masas tupidas de quatro pies de altura : son muy comunes la cebolla albarrana , el albardin , los espartos común y juncal , el guardalobos , y otras muchísimas plantas conocidas. En la falda del monte se conservan ruinas de un pueblo antiguo que las armadas Genovesas destruyeron, según refiere Escolano. De las paredes de la Iglesia quedan algunos trozos. En la llanura contigua á las raices de Hifa'c había unas salinas que se abandonaron estos últimos años por creerse causa de las calenturas intermitentes que solían padecerse. Lo cierto es que en años lluviosos se juntan muchas aguas en el recinto llamado Saladar , y no hallando salida forman pantanos, y se corrompen en verano.

 Caminando desde el peñón como media hora hacia el sudueste se hallan los baños de la Reyna, y algo mas adelante el sitio donde descubrí los pavimentos  publicados en la Gazeta de Madrid de 26 de Junio de 1792. Según Escolano , columna 107, se veia en su tiempo "un edificio de peña tajada, llamado Baños de la Reyna;" pero como habló por relaciones puede sospecharse si exageró los monumentos que entonces existían. Vense hoy dia deteriorados por las excavaciones que las olas han ido haciendo, si bien se conservan las dimensiones con alguna alteración, y se conoce la forma que tuvieron. A la orilla del mar dominaba un cerrito , cuyas raices y parte de la suave cuesta entraban en el agua; pareció esta cuesta buen sitio para baños, y á este fin se hicieron á pico las excavaciones necesarias , estableciendo comunicaciones entre ellas, y compuertas para moderar ó impedir el movimiento de las olas. Resultó de las excavaciones un oblongo de 80 palmos de oriente á poniente, y 35 de norte á sur, sin contar los muros ó paredes que lo cierran de tres palmos de espesor; y en dicho oblongo seis baños, formados por una pared que corre de oriente á poniente , y por otras dos de norte á sur: en cada una de estas había una abertura de quatro palmos, por donde se comunicaban las aguas; y en la paralela á los lados mayores del oblongo dos aberturas en los dos pares de baños orientales, y una solamente en el par occidental. Las aguas del mar entraban por quatro partes, dos de ellas situadas hacia el sur, y las otras dos hacia poniente. Para que las aguas entrasen por la parte meridional abrieron á pico una zanja de ocho palmos, que al llegar frente al muro que separa el primer par de baños del segundo partieron en dos canales por medio de un tajamar conservado en la peña al tiempo de la excavación; cada canal iba á dar á su baño, atravesando antes un puente de seis palmos de ancho, sobre el qual habia una abertura longitudinal, para introducir sin duda un tablón que asegurase la tranquilidad de las aguas en lo interior del baño. Las que entraban por la parte occidental venían también desde el mar conducidas por otra zanja, poco mas ancha que la precedente en su principio ó boca meridional; pero mucho mas en la parte opuesta, donde formaba una balsa: desde aquí por canales diferentes llegaban á sus baños, pasando antes por debaxo los puentes, trabajados como los anteriores. Junto al muro meridional, que sin duda se levantaría á bastante altura para impedir los rayos del sol, se conserva harto desfigurado un andador de quatro palmos.

En la inmediación á los otros muros no se descubre vestigio alguno de semejante andador. Tampoco lo hay del sitio por donde se baxaba á los baños, aunque Escolano afirma "se entraba á ellos por una cueva también de peña tajada de la estatura de un hombre puesto en píes;" porque la pretendida cueva es el corredor subterráneo, destinado ciertamente á otros usos, como presto veremos. Al oriente y poniente de los baños se ven excavaciones considerables en la peña donde entran las aguas del mar, sin que pueda saberse si han sido efecto natural de los repetidos choques de las olas, ó si son restos de algunas obras ignoradas. En el dia solamente hay pie y medio de agua en los baños, cantidad insuficiente para bañarse. Esta mengua debe atribuirse á que el mar se ha retirado de la costa; y por esta razón pudo tal vez servir de canal para embarcarse un largo y ancho foso , que desde las inmediaciones de dichos baños sigue hacia levante hasta cerca de las salinas abandonadas pocos años hace, como queda dicho.

 Hállase el foso lleno de escombros, único resto de los edificios que existieron en las cercanías de los baños. Escolano dice "que había allí aposentos labrados en la peña viva, y taraceados los suelos de piedrezuelas de varios y diferentes colores de obra mosayca y hechura de dados, que por ser de labor tan vistosa se enviaron á la Magestad del Rey Felipe II para un jardín que mandaba hacer." A otros oí decir haberse hallado por allí algunos fragmentos menudos de mosayco: yo no vi el menor rastro, pero sí preciosos mármoles destrozados y acinados en el foso, unos de color de caoba en forma de molduras, y otros blancos con manchas de azul claro, que parecían pedazos de pilastras donde se conservaban las estrías o surcos longitudinales. Noté que todos eran de fuera del reyno, y que uno solamente tenia alguna semejanza con el amarillento roxo del Buixcarró por el entretexido de venitas mas encendidas. Los colores de dichos mármoles son negro, blanco hermoso de grano fino, blanco con manchas de azul obscuro, blanco con manchas negras enlazadas, azul casi negro con mezcla de blanco, color de leche con manchitas meladas, amarillento roxo con venitas encendidas, gris salpicado de manchitas amarillas, color de caoba,  jaspeado de colores de carne negro y blanco, brecha compuesta de fragmentos blancos engastados en una masa de color de canela, y otra con fragmentos de un verde obscuro con mucha mezcla de serpentina.

 

 La boca del corredor ó mina subterránea que Escolano llamó cueva mira al sur, y se excavo á pico como las paredes perpendiculares y el techo en arco de la mina. Esta tiene 5 palmos de ancho, 40 de largo, y 8 de altura, sucesivamente menor hacia el fondo , donde no llega á 6. Hay allí en el techo un agujero de dos palmos de diámetro, que en forma de chimenea sigue hasta lo alto de la loma , cubierta hoy dia de arena, donde se cree existieron algunos edificios. Vista la estrechez del agujero y la poca comodidad de la mina, parece imposible que esta haya servido de entrada á los baños. Tal vez sirvió para dar salida á las inmundicias que pudieron acopiarse en las habitaciones; lo que se hace verosímil, porque aun se reconoce parte del canal que desde la boca torcía hacia el oriente; bien que está tan deformado, que apenas se puede adivinar á donde iba, y qual fue su figura.

 Heme detenido algún tanto en la descripción de estos baños y mina con sus dimensiones exactas, por no haberlo antes hecho ninguno de los autores que han hablado en el particular. Ahora diré de los nuevos descubrimientos que hice al poniente de los baños. A unos cien pies de ellos siguiendo la costa se encuentran restos de un teatro, reducidos á cinco gradas en arco y en anfiteatro que miran al mar, distante de allí como 80 pies. Como no se puede saber qué número de gradas había en la parte superior del cerro, ni quantas de las inferiores han cedido á las aguas, tampoco es posible formar idea de la capacidad del teatro. Por el fragmento permanente se colige que fue un gran semicírculo destinado para algún espectáculo, que tal vez sería el combate de los barcos. Dichas gradas están todas cubiertas de cantos y de arenas, descubriéndose sola la punta oriental de una de ellas. Creían fuese canal por donde corrian aguas por tener á la parte del mar un reborde de dos ó tres pulgadas; pero desembarazada de los cuerpos extraños, y vistas las otras inferiores no queda duda en que formaban parte de un teatro.

 Caminando hacia Calp, y casi á la mitad de la distancia entre el peñón y esta villa hallé los pavimentos de varias piezas que existieron en algún tiempo, y que la pura casualidad me hizo descubrir. Examinaba la costa para observar las plantas que allí crecen , y habiendo llegado á una loma caliza cubierta de arenas sueltas vi entre otras plantas la frankenia lisa de Linneo, y junto á ella una piedrecita cúbica de mármol blanco de tres á quatro líneas: á dos pasos percibí otras piedrecitas de la misma figura y materia mezcladas con algunas negras; y á medida que subia la cuesta, que es de quatro á cinco varas, observaba aumentarse el número de tales cubitos. Su multitud y el ser semejantes á los que los Romanos empleaban en pavimentos, me hizo pensar que en aquellas inmediaciones pudo haber existido algún edificio que el tiempo destruyo, y cuyos restos cubrieron después las arenas. Con esta idea empecé á quitar la arena del sitio donde vi mayor cantidad de cubos, y muy en breve hallé algunas pulgadas de pavimento. Comuniqué mi descubrimiento á los Señores Ivárs, Feliu y Eximeno, y acompañado de ellos y de un buen número de peones volví al sitio para hacer algunas excavaciones. Fuimos tan dichosos, que en solos dos dias de trabajo logramos descubrir seis piezas contiguas, quatro de ellas con pavimento mosayco de varios dibuxos, y dos de argamasa muy unida. Los vientos habían acumulado sobre ellas multitud de arena, en partes de cinco pies de profundidad, y en otras de dos solamente, donde crecian gruesas matas de la paserina hirsuta , llamada allí palmerina , cuyas raices llegaban hasta el pavimento: apenas quedaban sobre este rastros de las paredes que sirvieron para separar las habitaciones, y solo se conocía haber sido de un pie de espesor compuestas de argamasa, bien que las maestras algo mas gruesas, y á veces con sillares de mármol negro. El terreno excavado forma un espacio de 70 palmos valencianos de norte á sur, y 54 de oriente á poniente , como se ve en la estampa adjunta, que es el plano de la excavación. A un lado de la estampa he dibuxado del tamaño natural un pedacito del pavimento, y al separado uno de los cubos de que está compuesto.

 La primera habitación que descubrimos está al principio de la cuesta mirando al poniente. En ella se conservan los cimientos de tres paredes, y se ve la zanja de la quarta: todas quatro formaban un quadrado perfecto de 18 palmos valencianos por lado. Apenas quitamos las arenas, y un cortezon formado sobre algunas partes del pavimento , se descubrio el precioso dibuxo y la prolixa obra de aquella pieza. Corre alrededor de todo el pavimento y á corta distancia de las paredes una cenefa de dos cintas negras, que contienen otra blanca dos o tres veces mas ancha. A esta se sigue una faxa de poco mas de medio palmo , formada de ladrillitos quadrados, que se tocan por los ápices de los ángulos, y van dexando entre sí y las cintas de la cenefa triángulos rectángulos. Los quadrados son negros , y los triángulos blancos. Sigúese á esta faxa de ladrillos y triángulos otra cinta negra, que dexa en medio un gran quadrado partido en 36  quadrados menores por varias faxas de ladrillitos y triángulos, que se cortan en ángulo recto. El dibuxo en estas últimas faxas es el mismo que el descrito en la primera de la misma figura. De los 36 quadrados que debían estar entre dichas faxas, solos dos se conservan enteros, y mas de quatro y medio maltratados: de los restantes apenas quedan rastros del dibuxo. El de los dos que existen íntegros es muy diverso ; y son también diferentes los de los quatro maltratados: de modo que puede presumirse tendria cada uno de los 36 su peculiar dibuxo. Copié los dos que nada habían padecido, y eran de este modo. El situado en el ángulo que mira al ueste tiene en el centro un quadradito negro, cuyos ángulos miran á los lados del quadrado mayor: sobre cada uno de sus lados hay un triángulo rectángulo blanco , los quales triángulos con el quadradito negro forman otro mayor concéntrico al principal de que vamos hablando. Síguense quatro triángulos rectángulos negros, cuyas hipotenusas apoyan sobre los lados del quadrado resultante del central negro y triángulos blancos: y últimamente en los intervalos que dexan aquellos triángulos negros hay quatro corazones negros en campo blanco, cerrando el dibuxo una cinta negra entre la qual y la que forma el quadrado mayor queda otra blanca mas ancha. El segundo quadrado, que se conserva íntegro, está contiguo al que acabamos de describir, y mira al sur. La obra es menos prolixa,y se reduce á una cin ta blanca contenida entre dos negras mas estrechas, quedando en medio, un quadrado partido en quatro triángulos por dos cintas que se cruzan en el centro, y un semicírculo negro sobre la hipotenusa de cada triángulo. De los otros quatro quadrados, aunque se conserva lo suficiente para asegurar que sus dibuxos eran diversos , mas no para sacar copia que represente su antigua figura.

 Continuamos la excavación hacia el mediodía de esta pieza, y descubrimos otra de 32 palmos de oriente á poniente, y 15 de norte á sur, conservada en gran parte y separada de la primera por un muro de palmo y medio de grueso. Hállase el suelo palmo y medio mas alto que en la antecedente, formado de cubitos marmóreos blancos y negros: el dibuxo en esta es menos prolixo y mas fácil, reduciéndose á ladrillos blancos oblongos, separados por cintas negras. En la parte occidental de este pavimento, que hallé destruida, descubrimos un conducto de quatro á cinco pulgadas de diámetro, formado por dos tejas concavas casi semicirculares , de cuya unión resulta un cilindro imperfecto que baxa hacia poniente cubierto por el pavimento. La dirección de este conducto guió nuestras excavaciones con que descubrimos otra pieza circular de 14 palmos de diámetro, con un reborde del grueso de quatro pulgadas. Esta pieza se asemeja á una taza anivelada, cuyo fondo es de argamasa dura muy unida, teniendo un solo portillo para que las aguas lleguen al expresado canal. Entre el centro del círculo y la periferia hacia el oriente noté un agujero circular de palmo y medio de diámetro , lleno de tierra roxa arcillosa, cuya capacidad aumentaba hacia la parte inferior. El corto tiempo que permitieron otras ocupaciones precisas continuar los trabajos comenzados no bastó para investigar y conocer si la pieza circular estaba hueca por abaxo: tampoco es fácil adivinar su destino. Lo cierto es que de aquí salían aguas, ya fuesen las sobrantes de algún baño interior, ya otras que hubiesen servido para purificarse. Sobre esta pieza hallé mas de quatro pies de arena.

 Continuamos la excavación en el terreno contiguo á las piezas antecedentes , y después de mucho trabajo pareció otra muy hermosa que tenia 19 palmos de oriente á poniente, y 13 en lo mas ancho, siendo algo mas estrecha en la parte occidental. Su pavimento era mosayco , y el dibuxo manifiesta el gusto delicado del artífice. En la extremidad oriental se ve una maceta con dos asas, de cuyo centro sale un robusto tronco de parra, que echa ramos alternos, sembrando el suelo con hojas y racimos: en lo alto un ratón, que parece pagar su golosina cayendo cabeza abaxo: en otra parte un páxaro picando uvas: entre los ramos in­feriores hay dos figuras humanas, una á cada lado, en ademan de coger los raci­mos ; y como dichas figuras se hallan en el ayre, les puso alas el artífice. Cierra el dibuxo una faxa negra que sube algo oblicua, y doblándose en arco á la parte superior baxa luego hasta la base, formando con ella un ángulo agudo. En el espacio que hay entre la pared y la curva se representa otro ramo, que formando en la base una espiral, sube luego con gracia en semicírculos alternos arrojando ramos, hojitas y fruto. Es lástima que falte la quarta parte del pavimento, en el qual habría quizá otras figuras semejantes á las que se conservan.

 Mandóse abrir otra zanja en un sitio paralelo al norte de la precedente, y se descubrió un muro, y en él sillares de mármol negro; mas viendo que á los cinco palmos de excavación no aparecían rastros de pavimento, se mandó á los peones pasasen á otra parte, donde se habían visto algunos cubitos de mármol; y allí se descubrieron dos piezas contiguas que se comunicaban por una puerta. Las dos juntas forman un quadrado perfecto de 25 palmos por lado: sepáralas un muro que corre de mediodía á norte, largo 17 palmos, el qual tuerce luego en ángulo recto hacia poniente hasta llegar al hueco de la puerta por donde se pasa de la pieza exterior á la interior: aquella es quasi quadrada sin mosayco ; su suelo de argamasa semejante al de la pieza circular: el pavimento de la interior es mosayco, todo blanco á excepción de una faxa negra que corre á lo largo de las paredes. Estas dos piezas caen al norte de lo descubierto, y las separa de la Pieza número 4 un terreno de 20 palmos de diámetro, que el corto tiempo no permitió examinar. Sin duda existe allí otra pieza por donde se comunicarían las descubiertas. ( Véase la estampa adjunta titulada Pieza números 5 y 6.) Viendo la diferencia de estas, y considerando los usos á que actualmente se destinan otras semejantes, parece que la que tenia pavimento mosayco servia de antecámara: la otra contigua con mosayco podría servir de paso para introducir los Señores á las otras piezas, atravesando el terreno de 20 palmos que falta descubrir, y de aquí á la de la parra, siguiendo después á las otras.

 Los quatro pavimentos mosaycos se componen de cubitos de mármol blanco, y de otro negro menos duro: son por lo regular de tres á quatro líneas: pocos se presentan perfectos ni en los ángulos ni en las superficies; por lo qual es también imperfecto el plano que componen. Üense por medio de un gluten blanco tan duro como el mismo mármol. En algunas porciones del pavimento se advierte la superficie igual y tersa, efecto al parecer de la frotación hecha con arena mojada, y otros cuerpos mas finos, según hoy se pulimentan los mármoles.

 Esta fábrica indica un siglo ilustrado, un pueblo grande, rico y de buen gusto. La multitud de piezas descubiertas en tan corto tiempo , las ruinas que se observan en mas de 400 pies de diámetro, el número considerable de fragmentos de preciosos mármoles, esparcidos así entre las peñas batidas por las olas, como por los campos inmediatos, muchos de ellos con molduras, y otras obras del arte; finalmente las monedas de Nerón y otros Emperadores que se hallan, todo anuncia que en los siglos floridos del Imperio Romano hubo allí casas de campo deliciosas. Y parece consiguiente hubiese en la inmediación alguna ciudad ó pueblo numeroso, ya fuese en las faldas septentrionales de Hifác , ó sobre el cerro donde hoy día existe la casa de campo de Don Josef Feliu. En efecto aun se ven por aquellas inmediaciones pedazos de un encañado capaz de conducir á un gran pueblo las aguas de la fuente Paratella, que nace en el término de Benisa, una legua al nordeste de las ruinas. Estas han quedado muchos siglos ocultas, y cubiertas de tanta arena, que en ella se han ido descubriendo sepulcros de los Moros, según oí decir. Convendría registrar á fondo aquel recinto para descubrir lo que queda, y espero lo hagan otros amantes de la antigüedad erudita.

 Entre las peñas algo sumergidas en el mar vi con abundancia la tubularia acetahíhim de Linneo, producción hermosa por su figura , pequenez y colores , y junto á ella la uha favonia, planta vistosa por su forma y zonas transparentes blancas, roxas y azules. Esta suele tener al rededor del pie ó punto de apoyo mucha coralina, llamada vulgarmente erba cuquera, aunque en realidad ni es yerba, ni pertenece al reyno vegetal. También hallé \xulva intestinal, varios fucos, y á mayor profundidad la alga ó zostera mediterránea. En las arenas sueltas de la playa son muy comunes las enunciadas paserina y frankenia, con otras muchas plantas que prosperan en semejantes sitios. Seguí hacia Calp, villa de 237 vecinos, pisando un suelo árido y estéril, donde crecen arenarias, llantenes, ondnides, y otros vegetales; la población está sobre una loma á 200 varas del mar: los edificios demuestran la pobreza de sus moradores, poco aplicados á la agricultura, y casi privados de propiedad, que pertenece á varios de Benisa. Estos perciben en gran parte los frutos, que suelen ser 1200 cahices de granos, 150 de habas ,380 cargas de almendrón, 8400 arrobas de pasa, 2400 de higos, 38? de algarrobas, y 9500 cántaros de vino; y por eso desalentados los de Calp en vez de promover y mejorar la agricultura, se dedican á la pesca, y no pocos al contrabando; vicio común en aquellas costas, que fomenta la abundancia de calas mal resguardadas, y la aspereza de los montes por donde se introduce en lo interior del reyno. El agua para el pasto común tiene el defecto notado ya en las de la marina ; y aun­que no lejos de la población nace otra pura en las faldas de un monte, no la con­ducen ó por falta de medios, ó porque se hallan bien con la que bebieron siem­pre. No lejos de la villa en la misma costa está el cabo Toix, que es el occidental de la ensenada de Calp, en cuyo cabo, como queda dicho, se termina la cordillera que viene desde Confrides con los nombres de Serrella , Bernia y Toix. Me­dia entre Serrella y Bernia un profundo barranco que parece interrumpir la comunicación ; y entre Bernia y Toix un collado, que llaman vulgarmente el puerto de Calp: por este atravesé el monte, dexando atrás hacia el nordeste el llamado Olta, cuyas raices son de yeso , las faldas bien aprovechadas, y aptas para almendros, algarrobos y sembrados, y el resto hasta la cumbre sumamente escarpado y estéril. 

Como podemos ver el abad Cavanilles hace una larga exposición de los restos arqueológicos de los Baños de la Reina, aunque confunde las balsas excavadas en la "tosca" con lugar para baños, cuando en realidad es que formaban parte como balsas de conservación del pescado vivo hasta su posterior tratamiento en  la factoría de salazón de época romana.

( ver Baños de la Reina)

Andrés Ortolá Tomás