LA ERMITA DEL SALVADOR

 

Plano de la villa de Calp de 1745 y a la izquierda sobre la colina la ermita de san Salvador

Remitiéndonos a la primera fuente escrita de la que tenemos constancia, el libro del reverendo Vicente Llopis escrito en 1953 y ateniéndonos a las fechas proporcionadas por Llopis en su libro, fechas que admitimos con las debidas reservas ya que el archivo parroquial, junto con el judicial y el municipal fueron quemados en septiembre de 1936 (ya lo habían sido con anterioridad en 1637) y Vicente Llopis no se hace cargo de la parroquia hasta el día 7 de Diciembre de 1939.

Según Llopis en 1620 el pueblo hace un nuevo retablo "quizá para inaugurar la nueva ermita".

En los planos recuperados en 1982 del Archivo General de Simancas y que obran en nuestro poder, ya está la ermita del Salvador en su ubicación actual y con el mismo nombre. Dichos planos llevan fecha de 1745.

En 1783 (libro Calpe de V.Llopis ) parece ser que está completamente arruinada y se clausura al culto. Años después se levanta de nuevo sobre los cimientos de la anterior. Mosem Pere Ortolá recabó del Arzobispo permiso para bendecirla.

El calvario en los años 50

Con anterioridad a 1747 el vía crucis arrancaba de las cercanías de la actual calle San José ( carrer de baix). A partir de esta fecha con la construcción de la segunda muralla, sale por la puerta de Altea (actual Plaza de España ) y extramuros bordeando la muralla sube al encuentro del camino antiguo.

El diccionario de Pascual Madoz (1845) nos dice: Fuera del pueblo y sobre un pequeño monte se halla una ermita dedicada a la transfiguración.

Con la urbanización de la calle Calvario y de la calle de la Ermita se inicia a finales del siglo XIX el nuevo calvario que arranca de la plaza del Mosquit.

 

Final de la calle de La ermita y vista aérea en la colina

Este calvario fue destruido junto con la ermita en 1936 durante la guerra civil española. En 1945 es restaurada, prácticamente todos los gastos corrían a cargo de los vecinos, fueron los hombres de la calle los que trajeron las puertas de una casa que se había derribado en la calle Generalísimo hasta la ermita y que son las actuales. Se plantó un olivo en recuerdo de la lámpara de aceite que ardía durante las noches sin luna en la puerta de la ermita, para guía de las barcas. Del cuidado de este olivo se encargaba el vecino Jaime Mulet. Los gastos se sufragaban en parte con la venta de lotería, distribuida por la "tía Pepa la Manzanera". Cuando Pepa ofrecía lotería, la gente le solía decir; la lotería de la ermita no toca, a lo que ella respondía, ¿Quina toca?.

Dos imágenes de las fiestas a San Salvador

También se han celebrado dos bodas de chicas de la calle de la Ermita. Originalmente, la ermita no tenía prácticamente solar y no es hasta 1986 en que el consistorio presidido por Francisco Camañez adopta el acuerdo de crear un gran parque en los terrenos aledaños a la ermita. El parque tendrá una superficie total de 10.200 m2 y costará 11.500.000 Ptas. Se plantan árboles, se coloca alumbrado, se instala el agua y se construye el camino de cemento. Se pinta y se restaura de nuevo. Hasta esa fecha, todos los gastos de conservación de la ermita corrían por cuenta de los vecinos de la calle de la Ermita. Hay que destacar la gran labor desarrollada por la vecina Ángeles Martinez Montaner que durante años estuvo al cargo de las llaves.

En 1993 durante la alcaldía de Violeta Rivera se construye el actual calvario y se efectúan nuevas mejoras.

Comisión de festeros y banda de música

Quiero terminar estas breves pinceladas históricas con una frase escrita por el cura Llopis en 1953; "la ermita pide a voz en grito que se levanten de nuevo las quince capillitas de la pasión y resurrección de Jesucristo, rodeadas de cipreses; que se replante toda la loma de pinos y otros árboles; que se hagan alamedas y jardines etc, ¡Ojalá que estas urgentes mejoras se llevaran a cabo para que la ermita volviera a ser centro de nuestra piedad y de nuestras horas de solaz! ".

Y así ha sido. Hoy el parque de la Ermita es un lugar de esparcimiento y de uso y disfrute, no solo de los vecinos de los alrededores, también de todos los calpinos.

Andrés Ortolá Tomás