EL RIU-RAU DEL RAFOL

Son los riu-rau construcciones dedicadas primordialmente a guardar los cañizos en los que se colocaban los racimos de uva después de escaldarlos y que durante el día se secaban al sol. Si amenazaba lluvia se guardaban a cubierto en el riu-rau. En todo  el proceso de elaboración de la pasa era muy importante observar la climatología. La lluvia o la humedad son los peores enemigos de la pasa y podrían estropear toda una cosecha.

Los riu-rau estaban construidos con piedra, barro y cal, los arcos de medio punto solían ser algunos de piedra tosca y los más con ladrillos de barro cocido. Las vigas del techo suelen ser de madera de pino y sobre ellos descansan los cañizos confeccionados con cañas unidas por un cordel de esparto y sobre ellos barro como base de la cubierta de tejas.

El riu-rau debe tener una buena ventilación, de ahí que todos tengan unas ventanas verticales en su cara norte para que exista una buena circulación de aire a través de ellas y siempre tienen que estar orientados al sur. Si observamos los pocos riu-raus que quedan en nuestro término y los desaparecidos de la Vallesa, Calalga o el recientemente derruido todos tenían estas características.

El riu-rau del Rafol formaba parte de la gran finca de la Casanova y  en el catastro de 1893 pertenecía a Joaquin Feliu Rodríguez de la Encina que la había heredado de su padre José Feliu Sala, propietario de las más grandes fincas calpinas; la mencionada de la Casanova, del Plá, la Manzanera,  las Aduanas, las Casas de Torrat, Casa de Pusa (Villa Madrid) entre otras y que luego legó a sus hijos José, Joaquin y Juan.

La elaboración de la pasa tuvo un gran auge durante el siglo XIX y los primeros años del XX. La plaga de la Filoxera  en 1908-12.  La primera guerra mundial  y la competencia de la pasa de la región griega de Corinto (más pequeña, sin pepitas y de piel más blanda) significaron el fin del comercio de la pasa.

A pesar de estas dificultades los propietarios de la finca de la Casanova construyeron otra dependencia a unos 50 metros al sur del riu-rau con medios técnicos modernos para la época y que permitían secar las pasas con calor a través de unas estufas, este edificio se encuentra actualmente en ruinas y seria una perdida irreparable (es el único del término calpino) sino se actúa con prontitud. Así mismo, existe un precioso riu-rau en la finca del Plá, con el añadido de tener el también único secadero de pasa virgen del término.

Creo que no podemos permitirnos el lujo de perder más trozos de nuestro patrimonio y que son en conjunto retazos de nuestra historia más reciente.

Andrés Ortolá Tomás