Ermitas del antiguo

término del Castell

de Calp                               Alberto Hortelano

 

Origen e historia de las ermitas

 

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a las ermitas como santuarios o capillas, generalmente pequeñas, situados por lo común en despoblado y que no suelen tener culto permanente. Una segunda acepción del mismo diccionario dice que la ermita es el albergue o morada del ermitaño o anacoreta.

¿Sabemos exactamente qué es una ermita? ¿En qué se diferencia de otros edificios religiosos?. Seguro que sí; aunque no vienen mal unas pequeñas puntualizaciones que nos ayuden a identificarlas cuando nos encontramos ante una edificación que estuvo o todavía está dedicada al culto religioso. En esquema, las tres principales características que las diferencian de otros santuarios son:

Las ermitas:

·        Están ubicadas en lugares apartados de las poblaciones,

·        No tienen culto permanente, y

·        Están, -cada vez menos-, cuidadas por un ermitaño.

En los primeros tiempos del cristianismo fueron muchos los cristianos que se ocultaron en cuevas, para no ser tentados por la decadencia de las costumbres y la tibieza de los fieles o para huir de las persecuciones que a veces sufrían. Después comenzaron a alzar pequeñas casas a modo de oratorios que, al tiempo que podían acoger a más fieles, les servían de vivienda. En otros casos se las dotaba de tierras para que con sus rentas pudieran mantenerse edificio y ermitaño.

Aquellos edificios recibieron el nombre de ermitas.

Las ermitas se han convertido en algo consustancial a los pueblos y paisajes de nuestras tierras. Resulta difícil disociarlas de ambos. Suelen ser humildes y sencillas, y en su mayoría rústicas y de factura popular, aunque tampoco faltan las de buen porte y excelente arquitectura. Su silueta está presente en cualquier rincón de la geografía valenciana y según su época de construcción, algunas fueron iglesias parroquiales de aldeas, aunque en la actualidad se encuentren deshabitadas por lo alejadas que están de los núcleos de población.

"...las devociones a los santos son una esencia del culto popular en cualquier país católico, lo mismo en la Península que en Italia, Francia o Austria, ¿Será por puro resabio pagano, unido a un oportunismo radical, por lo que en fuentes situadas en lugares umbríos, altos que dominan una tierra, lugares que llaman la atención por su belleza o su carácter misterioso, hay una ermita o un santuario mayor?". (Las formas complejas de la vida religiosa. Siglos XVI y XVII. Julio Caro Baroja. Madrid. 1985)

Tal vez sean las ermitas los templos más populares de todos los del orbe cristiano, en el sentido de que son tenidas por el pueblo como algo propio, tanto, que en muchos casos se han construido con dádivas y colectas y con el trabajo manual de los propios vecinos. Descansa en la ermita el peso y el eje principal de algunas fiestas patronales, se acude en romería, y de ella se saca la imagen de su advocación para procesionarla en devota comitiva. También es centro de rogativas y reconocimiento por alguna curación considerada milagrosa.

Todavía se conservan en el interior de muchas de ellas colgados de la pared o en hornacinas apropiadas, los exvotos que los fieles le regalan al santo o la virgen, en cumplimiento de una promesa o en agradecimiento por un favor recibido. Sin que esto se haya perdido, la ermita es más que nada la manifestación material de un fervor sencillo y popular.

Tradición o leyenda son el origen de muchas ermitas, en otros casos, tras la conquista, las mezquitas abandonadas por los musulmanes han sido aprovechadas en su estructura y convertidas en ermitas cristianas. El emplazamiento viene determinado por la creencia de que en el lugar se ha producido un hecho sobrenatural o una aparición que el pueblo da por buenos, con la aquiescencia de la Iglesia que lo reconoce como lugar sagrado y se encuentra con la obligación de levantar allí el edificio. Otras veces se aprovecha una cruz de término a la entrada o salida del pueblo, un humilladero o una fuente que, igualmente, mana agua milagrosa.

En las tierras valencianas, todas sus ermitas son posteriores a la creación del Reino de Valencia por Jaime I en el siglo XIII y se las reconoce como las Ermitas de la Conquista, y que, en un principio, como ya queda dicho, fueron sustituyendo a las mezquitas musulmanas tras su purificación y su consagración al santo patrón del lugar.

Sobre la mayoría hay poca historia documentada. Sus orígenes suelen ser confusos: hallazgo de imágenes enterradas, apariciones más o menos creíbles, favores recibidos o hechos sorprendentes. Surgen especialmente por devociones populares que cristalizan en su construcción.

El paso del tiempo ha hecho mella en muchas de ellas que se han ido desmoronando lentamente y se encuentran completamente abandonadas y en olvido.

Otras han sido reconstruidas a expensas de los pueblos y su entorno ha sido adecuado para una agradable acogida a los visitantes. Se han mejorado y señalizado los caminos de acceso y vuelven a surgir las romerías y peregrinaciones con la recuperación de tradiciones casi perdidas y el rescate de festividades que parecían olvidadas. Todo ello en las que, muchas veces, el carácter religioso es el pretexto y cuenta poco más que para marcar la fecha de la celebración.

Con independencia de lo anterior, la ermita en su sencillo y noble monumento y al margen de su naturaleza religiosa, forma parte de nuestro patrimonio cultural y artístico, siendo, al mismo tiempo, crisol receptor o conservador de tradiciones centenarias.

La defensa de este singular patrimonio es un deber de todos, tanto a nivel privado, oficial, o religioso, y son hoy más que nunca necesarios los trabajos de estudio y recuperación de nuestros bienes patrimoniales, para conocimiento y disfrute de todos porque, como ya dijo Unamuno: "Como más se ama una tierra es conociéndola".

Delimitación geográfica.

 

La denominación "Terme del Castell de Calp" es la forma de identificar a una unidad administrativa que se mantuvo durante un período de transición entre la conquista cristiana en 1240 y la configuración de lo que hoy entendemos como término municipal, en torno a 1380, y que en la actualidad engloba los municipios de Calp, Benissa y Teulada Moraira.

En un principio, este territorio era un conjunto de pequeñas alquerías musulmanas cuyos nombres se han mantenido en muchos casos y que hoy responden al nombre del propio municipio o al de partidas rurales, que, como entidades menores de población todavía conservan ciertos signos de identidad, aunque solo sea su perímetro geográfico. Como tales podemos citar Teulada, Benissa, Calp, Llombers, Canuta, Lleus, Albinyent, y otras, no de menor importancia cuya enumeración no viene al caso en el tema que nos ocupa.

 

 

CALP

Ermita de San Salvador.

 

La ermita:

Según el párroco Vicente Llopis, el origen de la ermita de san Salvador está en la antigua Ermita Vella de Sant Francesc d'Oltá y se remonta su construcción a los comienzos del siglo XVII cuando su original emplazamiento tuvo que abandonarse por los contínuos ataques y saqueos que perpetraban los piratas musulmanes.

Se puede datar su construcción en la década de 1620. El paso del tiempo y la precariedad de los materiales causaron daños irreparables en el edificio y sabemos que en poco más de un siglo, el templo se encontraba en ruinas, no siendo apto para el culto. A mediados del siglo XVIII se levanta otro edificio sobre los mismos cimientos que nos da la configuración de lo que es la ermita actual. Esta última edificación, sobre una loma al oeste de la población, fue destruida durante la guerra civil, por lo que todo ello ha sido reconstruído en los años 1945 y 1992.

Se accede a ella a través de una larga escalera, jalonada por los pasos del viacrucis, que parte de la Avenida Masnou, junto a la plaza de san Salvador. En el rellano del cerro se ha definido un espacio semirrectangular perimetrado por un murete que forma una plaza en cuyo centro se erige la ermita. La plaza está pavimentada en losetas irregulares de caliza con cenefas de canto rodado en las cuatro fachadas del edificio.

En cualquier orientación, las vistas son inmejorables; por un lado la villa de Calp y por el otro, el Peñón y el inmenso Mediterráneo, dejando a los pies la pinada de la partida de La Manzanera.

La ermita es un edificio exento, de planta rectangular con notable presencia de contrafuertes en su perímetro que sirven de apoyo a los dos arcos diafragmas o fajones del interior que dividen la nave en tres partes iguales. La fachada es escueta, toda blanca, con puerta adintelada y un ventano muy pequeño a su lado izquierdo. Corona el hastial, que enmarca la cubierta a dos aguas, una espadaña con hueco de arco de medio punto que aloja el campanillo. El testero, igualmente blanco como todo el exterior, es de un solo plano, austero y ciego. En los últimos tramos de las fachadas laterales se abren sendas ventanas para iluminar el presbiterio.

El interior está dividido en tres tramos mediante arcos de medio punto que descansan sobre impostas en pilastras de piedra vista, que transmiten su esfuerzo arquitectónico a los contrafuertes del exterior de la fachada. La cabecera, elevada sobre dos escalones, nos ofrece un sencillo retablo de ladrillo visto, a tono con el basamento que sustenta la losa del altar. Preside la escena, en lo alto, un tondo con un lienzo del Sagrado Corazón de Jesús y, bajo él, una imagen corpórea de El Salvador flanqueado por dos ángeles, todos apoyados sobre peanas adosadas al retablo. Dos pequeñas ventanas laterales, en arco de medio punto, dan luz al presbiterio.

En cada uno de los dos primeros tramos laterales se han vaciado sendas hornacinas que alojan distintas imágenes, destacando en el centro, a la izquierda, la Virgen del Rocío enmarcada en dos pilastras acanaladas que culminan en dos pináculos y un frontón central con una custodia representada esquemáticamente.

El suelo es de cerámica roja y la techumbre de vigas de madera vista, una en cada tramo longitudinal y las transversales que se apoyan en los muros dando un aspecto sólido y elegante.

Hasta bien entrado el s. XX, los marineros mantuvieron encendida una lámpara de aceite en la fachada, que servía como guía a las embarcaciones que buscaban fondeadero. De ahí el olivo que puede contemplarse junto a la fachada principal, símbolo y fuente del aceite necesario como combustible. Esta devoción se recuerda en una inscripción de azulejos cerámicos que nos recibe cuando llegamos a la ermita y que se instaló en el exterior del lateral izquierdo el año 2014.

Antiguamente, la ermita abría sus puertas en Semana Santa, el Domingo de Ramos y el Viernes Santo se celebraban misa y viacrucis y, la fiesta mayor, el 6 de agosto, se conmemora el día de san Salvador. Tradicionalmente los vecinos de la calle la Ermita han sido los encargados de su mantenimiento, custodiando ellos mismos las llaves del oratorio.

 

 

 

El patrón: San Salvador (El Divino Salvador).

 

Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico Estadístico e Histórico de España, refiriéndose a la ermita de san Salvador, la cita como "...una ermita dedicada a la Transfiguración". Y es que este pasaje, narrado en el evangelio de san Lucas, lo celebran la mayoría de los cristianos el 6 de agosto, día de la Transfiguración del Señor, en honor al Divino Salvador.

El relato del Evangelio nos trae al recuerdo del día en que Jesús "tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago y subió al monte a orar; mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías. Hablaban de su partida, que había de cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros, cargados de sueño pero despiertos, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Al separarse ellos de él, se formó una nube y los cubrió con su sombra; se llenaron de temor a la vez que se oyó una voz desde la nube que decía: "Este es mi Hijo, elegido; escuchadle".

Para encontrar esta festividad con el nombre de san Salvador debemos remontarnos al momento histórico en que los turcos avanzaban sobre Europa tras la toma de Constantinopla en 1453. Vencido y muerto Constantino XI, último emperador de oriente, el sultán Mehmed II continuó sus conquistas y puso cerco a la ciudad de Belgrado. En el verano de 1456 los ejércitos cristianos se hicieron fuertes en la plaza y rechazaron la ofensiva turca. Calixto III, el primer Papa Borja, interpretó que con esta victoria, deteniendo el avance musulmán se había salvado a la cristiandad.

El año siguiente, 1457, en acción de gracias al "Divino Salvador", se instituyó esta solemnidad litúrgica que se celebraría cada año en la fecha del 6 de agosto.

 

Ermita de San Francisco

 

La ermita:

 

Conocida también con el nombre de Ermita Vella d'Oltá en referencia a una ermita que, supuestamente, hubo en este mismo emplazamiento, levantada sobre la fábrica de un antiguo morabito musulmán tras la conquista del Terme del Castell de Calp por las tropas del rey Jaime I en el siglo XIII. Se puso bajo la advocación de la Transfiguración del Señor que la Iglesia celebra el 6 de agosto, fecha de la entrada de los cristianos en Calp.

Se mantuvo con distintos avatares de saqueo y destrucción hasta principios del siglo XVII en que se abandonó llevando el culto a la que hoy conocemos como san Salvador, construida más cerca de la población y más protegida de las incursiones sarracenas. La justificación del aparente cambio de nombre podemos atribuirla a la dualidad con que la liturgia católica identifica el pasaje evangélico de la Transfiguración, en el que Jesús aparece ante los apóstoles como el "Divino Salvador". Es fácil entender la deriva de este nombre hacia el de san Salvador que es el que ostenta en la actualidad la ermita de la que nos hemos ocupado en el epígrafe anterior.

La Ermita Vella d'Oltà que se erige bajo la advocación de san Francisco de Asís se presenta como un edificio exento, de planta rectangular, rota por un ábside semicircular que configura la fachada trasera. Construida en mampostería concertada de piedra seca y cubierta a dos aguas con teja curva. En la fachada, orientada al Sur, está la puerta de acceso, de holgadas dimensiones, cerrada por arco carpanel, sobre cuya clave puede verse tallada la inscripción “2002”, año de su moderna construcción. Sobre éste, enmarcada en el paramento, una placa de cerámica compuesta que reza “Ermita de Sant Francesc”. Corona la fachada una espadaña que alberga la campana.

El interior, de nave única rectangular, está dividido en tres partes por dos pilastras y arcos de medio punto perfilados por pintura ocre que los destaca del resto de los muros, encalados de blanco, excepto el zócalo, azul, a un metro aproximado de altura. La techumbre es a dos aguas, recorrida la cumbrera por una gruesa viga que descansa en los arcos y da apoyo a las viguetas transversales, todas ellas de madera vista.

Los dos primeros tramos reciben luz por dos pares de ventanas ojivales decoradas con cristales policromados y el tramo del fondo, que se corresponde con el ábside, es más estrecho que la nave principal y está levantado del suelo general por un peldaño. El testero, desde el nivel del zócalo, está decorado por un tríptico de palas ojivales pintado en seco con motivos vegetales y aprovecha la curvatura de la techumbre para simular una bóveda celeste azul con estrellas blancas; en el cuerpo central hay una imagen de san Francisco sobre un pedestal y en los dos laterales hay ventanas ojivales parejas a las de la nave principal.

La nueva Ermita Vella ubicada en un lugar privilegiado de Oltà y con una magnífica panorámica sobre la villa y la costa, se concibe como una zona recreativa y multiuso, ocupando una superficie de más de 17.000 metros cuadrados, se la ha dotado de aseos, algibe, centro de reuniones, bancos y mesas. El entorno se ha completado con la plantación de especies autóctonas que resaltan su belleza. El 4 de octubre, día del patrón, se celebra una romería popular y el resto del año es visitada por muchos caminantes.

 

 

 

El Patrón: San Francisco de Asis.

Religioso y místico italiano, fundador de la orden franciscana, nació en Asis, en la Umbría del centro de Italia en 1182. Le bautizaron con el nombre de Juan pero pronto le llamaron Francisco por la facilidad con que aprendió la lengua francesa. De familia de comerciantes, ayudó a su padre en los negocios hasta que un día entregó a un capellán el dinero que había cobrado de una venta para que reparase su iglesia. Su padre lo echó de casa y le obligó a renunciar a la herencia.

Desde entonces anduvo pobremente vestido, descalzo y sin más atavío que un pobre sayal ceñido con una cuerda, de color marrón para confundirse con la tierra en prueba de su humildad. Cuidaba de los enfermos y llamaba hermanos al Sol y a la Luna, a las plantas y a los animales y a todas las personas y también a sus enemigos o a aquellos que querían robarle o causarle algún daño.

Casi sin proponérselo lideró san Francisco un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, predicaba la pobreza como valor sublime y proponía un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios. Pronto fue objeto de admiración y otros buenos hombres se unieron a sus ideas. Sus primeros discípulos fueron Bernardo de Quintavalle y Pedro Cattani, a los que se sumó, tocado su corazón por la gracia, el sacerdote Silvestre; poco después llegó Egidio. Su instituto creció prodigiosamente, fundando en menos de tres años más de setenta monasterios. Aconsejada por Francisco, Clara de Asís fundó monasterios Franciscanos, que luego se llamaron Clarisas, y juntos crearon la Tercera Orden, para personas casadas.

A lo largo de su vida hizo muchos viajes. Se cree que llegó hasta la Península Ibérica y que peregrinó a Santiago de Compostela.

Al regreso de su periplo, a petición del papa Honorio III, compiló por escrito la regla franciscana, aprobada en 1223 por el mismo papa y entregó la dirección de la comunidad a Pedro Cattani. Aquí ya san Francisco pudo dedicarse por entero a la vida contemplativa.

Durante este retiro, san Francisco de Asís recibió los estigmas (las heridas de Cristo en su propio cuerpo), según testimonio del mismo santo, ello ocurrió en septiembre de 1224, tras un largo periodo de ayuno y oración, en un peñasco junto a los ríos Tíber y Arno. Aquejado de ceguera y fuertes padecimientos, pasó sus dos últimos años en Asís, rodeado del fervor de sus seguidores.

El Poverello de Asís entregó su alma a Dios el día 4 de octubre 1226, fecha en que se celebra su onomástica.

 

 

Ermita de San Juan de la Cometa

 

La ermita:

 

En una extensa partida rural, a tres kilómetros al norte del centro urbano de Calp, lindando con el término de Benissa, se erige desde hace más de 300 años un oratorio o capilla familiar construido bajo la advocación de san Juan Bautista que constituye el punto de encuentro vecinal de la zona. Se trata de El Tosal de la Cometa. Un conjunto arquitectónico que podría sustentarse sobre una cimentación muy anterior, tal vez una antigua mezquita y lo que hoy podemos ver, es una unidad constructiva de interés histórico-religioso, con elementos diversos acondicionados para su uso individual: vivienda, patios, aljibe, almacenes, etc. Esta construcción aparece documentada en el Diccionario Geográfico Estadístico e Histórico de España de Pascual Madoz, de 1850 y en la Geografía de la Provincia de Alicante de Francisco Figueras Pacheco, hacia 1916.

De cualquier manera, la datación de la ermita la fijamos en 1717, fecha que aparece cincelada en su fachada principal y que debemos tomarlo como punto de partida que puede ser su construcción o su puesta en culto.

De su exterior solo es visible la fachada principal y el lateral izquierdo, los otros dos están integrados en lo que fue la masía fortificada del siglo XVIII con distintas modificaciones hasta la actualidad. Lo más vistoso e impactante es la fachada principal, de forma prácticamente rectangular, realizada en sillares de piedra tosca terminada en los extremos con sendos pilares y bolas, y en el centro, en altura, un frontón mixtilíneo que engloba el hueco de la campana. Su plano, carente de volumetría, contiene la puerta adintelada y una pequeña ventana, y entre ambas, rompen el aparejo las dovelas de un arco de medio punto que no responde al vano de la puerta sino que fue hecho para aliviar las cargas sobre el dintel.

En el lateral izquierdo destacan dos ventanas rectangulares y una ligera cornisa que recoge las aguas de su única vertiente.

La planta interior es de forma rectangular, mide 13,38 por 5,34 metros sin ninguna división intermedia, salvo el presbiterio, que se ve diferenciado del resto por un peldaño. La techumbre es plana y menos alta de lo que cabría esperar frente a la esbeltez de la fachada, debido a que la parte alta está habilitada como vivienda complementaria del resto de la casona. En la parte izquierda hay una ventana para dar luz al recinto y en altura, una línea de imposta pintada en ocre más fuerte que el resto marca la unión a media caña de los paramentos verticales con el horizontal del techo. El testero, plano y austero, se rompe con una hornacina en el centro que aloja un san Juan Niño y sobre un pedestal, a la derecha, una imagen de san Juan en actitud anunciadora, donada por la Casa de Andalucía de Calp.

Al pie del altar se expone, sobre una peana, la que es tenida como la joya de La Cometa: los restos de una antigua imagen de un san Juan que desapareció en los años de la guerra civil española de 1936. Lo que se venera es el torso de una estatuilla de mármol blanco de mucha densidad que pudo alcanzar los 70 cms. de altura y que fue recuperado durante las obras en un bancal cercano en el verano de 2002. Al hallazgo le faltan la cabeza, los brazos, pies y parte de las piernas; pero nada de eso le quita parte alguna del fervor que todos los cometeros profesan por el Santo y lo demuestran cada año por el solsticio de verano cuando los romanos celebraban el cénit del sol y el comienzo de su decadencia.

En torno a esta fecha, 24 de junio tienen lugar las fiestas patronales con gran asistencia de vecinos y visitantes: comienzan la víspera con una cena popular y suelta de vaquillas en la talanquera. Todo el día de san Juan permanece abierta una barra de bar para combatir el calor propio de estos días y, al anochecer, una misa en la explanada de la ermita, da paso a más actos festeros que continuarán el día siguiente. Concursos, fuegos artificiales, baile popular y más "bous". Gent de la Cometa y la Peña de Bous i Vaques Calp llevan el peso de estas celebraciones.

 

 

El patrón: san Juan Bautista.

 

San Bernardo de Claraval, en su sermón sobre la Natividad de san Juan Bautista, considera que, mientras la Iglesia celebra a los demás santos por ser santos, festeja al Bautista porque su mismo nacimiento fue santo. Y añade que este día no solamente es uno de los más alegres del año en el cristianismo, sino que hasta los mismos gentiles lo solemnizan con hogueras y otros regocijos. Todo esto se celebra el día de su nacimiento, 24 de junio, y no el de su muerte, como es costumbre para la festividad de otros santos.

La anunciación del nacimiento de Jesús se produjo por el Arcángel San Gabriel a la Virgen María, su madre; la anunciación del nacimiento del Bautista también fue por San Gabriel pero esta vez fue el padre, Zacarías, el que recibió la buena nueva: "No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan...".

Nació Juan seis meses antes que Jesús y sufrió la misma persecución de los Inocentes decretada por Herodes el Grande. Isabel, su madre, huyó con el niño al desierto para librarle de una muerte segura. Poco más sabemos de su infancia, tal vez, siendo aún un muchacho y huérfano de padres, volvió al desierto porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Allí se alimentaba de miel y langostas y vestía una zamarra de piel de camello. Vivió toda su juventud dedicado a la penitencia y a la oración y predicando la venida del Mesías. Solamente le preocupaba el Reino de Dios.

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de penitencia. Los judíos le increpaban: "¿Tu quién eres?" El confesó claramente: "Yo no soy el Cristo" Insistieron: "¿Pues cómo bautizas?" Respondió Juan, diciendo: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. Él es el que ha de venir después de mí…". Los Evangelios dan cuenta de cómo bautizó a Jesús en el río Jordán y habiendo terminado se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias".

Juan, siempre celoso del cumplimiento de la ley, condenó a Herodes Antipas por casarse con Herodías, la ex mujer de su hermano, tras haber repudiado a su esposa legítima, cosas prohibidas por la ley judía. A causa de esto, Herodías se colmó de odio contra san Juan y pidió a su marido que lo matara. Antipas mandó encerrar al profeta en un calabozo, pero no le mataba por temor a las protestas del pueblo.

El día del cumpleaños de Herodes, en medio de una fiesta con los principales de Galilea presentes, Salomé, hija de Herodías, realizó una danza para él, la cual agradó tanto al rey que este le permitió, bajo juramento, que le pidiese como regalo lo que quisiera. Aconsejada por su madre, Salomé pidió la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja de plata. Como había dado su palabra, Herodes Antipas lo mandó decapitar, y un guardia se encargó de entregarle la cabeza a Salomé como la había pedido, que a su vez la entregó a su madre.

La muerte del Bautista se solemniza el 29 de agosto, día que el santoral denomina la Degollación de san Juan Bautista.


 

 

TEULADA MORAIRA

 

 

Ermita de la Font Santa.

 

La ermita:

 

No olvidaba san Vicente sus orígenes valencianos y, siempre que sus viajes de apostolado se lo permitían, volvía por estas tierras. Constanza, hermana del Santo, vivía en Teulada y ese era el aliciente para visitar esta villa con frecuencia, sus cortas estancias para el descanso en familia no le impedían continuar con sus prédicas y sus milagros. Cuenta la tradición que paseando con la dicha hermana Constanza, -corría el año 1410-, ésta sintió sed y Vicente no tardó en complacerla: con la fuerza de su fe, hizo brotar agua de la roca junto a la que habían parado. Desde entonces el agua no para de manar y, dado su origen milagroso, al lugar se le llama La Font Santa.

El paraje de La Font Santa se encuentra junto a la carretera de Teulada a Moraira a unos tres kilómetros del casco urbano. Como recinto de culto y sanación es mencionado por distintos eruditos y viajeros desde el siglo XVIII para acá; Madoz la cita como Virgen de la Salud o Santa Era a la que acudían muchos enfermos para remediar sus males, sin embargo, la construcción y nombre de la ermita actual hay que datarla a mediados del siglo XIX.

La advocación a san Vicente Ferrer tiene su origen, como el de otros santuarios, en el imaginario popular que reconoce un hecho sobrenatural o fortuito como causa primera de su fundación. En este caso fue una devota, Catalina Ortolá, la que tras encontrar entre unos matojos la imagen de san Vicente, se vió en la obligación de recomponer el antiguo eremitorio dedicado a la Virgen de la Salud y ponerlo con trazas de capilla, bajo el patronazgo de nuestro Santo. Esta es noticia que nos refiere Narciso del Prado en su libro Costas y Paisajes de la Marina de Alicante, València. 1918.

Hasta la configuración actual encontramos varias intervenciones relevantes, la primera se la debemos a la teuladina Josefa Bertomeu que en 1910 hizo de la vieja capilla esta ermita y restauró las imágenes de san Vicente, de la Virgen de la Salud y la de Jesús Nazareno. Lo que ahora podemos admirar viene de 1975. Se creció toda la fábrica en 50 centímetros y se puso una nueva cubierta que consolidara la estructura. Se colocó un mural de cerámica, donado por D. Vicente Calatayud Llobell, en la dependencia donde se encuentra la fuente, que representa el momento en el que san Vicente hace brotar milagrosamente el agua de la peña.

El edificio es de planta rectangular cubierto por un extenso tejado de teja curva, a una sola vertiente, hacia atrás, cuya inclinación determina la forma trapezoidal de las fachadas laterales, haciendo de la trasera un rectángulo mucho más aplanado. En la fachada principal se aprecian las puertas y ventanas que dan acceso a las tres estancias interiores: la fuente, la casa del ermitaño y el templo u oratorio en el centro, entre ambos.

A la izquierda con puerta adintelada en arco de medio punto se accede al cuarto donde está la Fuente Santa, que mana escasas gotas de agua y un gran panel cerámico representando al Santo haciendo manar el agua de la peña. El caño y la pileta son de piedra tallada situados a nivel del suelo y un zócalo de azulejos con motivos geométricos recorre las paredes hasta un metro y medio aproximadamente. Tiene también crematorio de velones votivos y una pizarra, con mensajes y peticiones manuscritas, dando gracias al Santo. Sus reducidas dimensiones contrastan con la belleza y simbolismo del conjunto de elementos que encontramos en su interior.

La fachada se cierra con una fina cornisa y un antepecho que oculta el tejado, rematado con cuatro pináculos distribuidos regularmente y una cruz de hierro en el centro.

En la parte central, la más representativa, que se corresponde con el espacio de culto se aprecia, aunque sólo sea dibujado, el contorno de lo que es la ermita: una cenefa en relieve y pintada de azul marca lo que sería la espadaña incluyendo un hueco para la campana y un pequeño altar con una cerámica del Santo. La puerta es rectangular protegida por un tejadillo.

La parte derecha se corresponde con la casa del ermitaño, de dos plantas y en el exterior se distingue la puerta rectangular y una ventana cuadrada para dar luz a la primera planta.

Ya en el interior, la planta es una sola nave rectangular cubierta con bóveda de arco rebajado. En la cabecera, sobre el altar tiene retablo de obra que llega hasta el techo compuesto por tres hornacinas en arco de medio punto, separadas por dos columnas cuyo fuste está decorado con grutescos en la parte inferior, el resto es acanalado imitando mármol y los capiteles que son corintios. La hornacina central acoge una imagen de san Vicente Ferrer, las de los lados, a la izquierda un Sagrado Corazón de Jesús y a la derecha una Virgen de la Salud con niño. En la parte más alta está una paloma con las alas abiertas como símbolo del Espíritu Santo.

El frente del altar es un mosaico de estilo modernista que enmarca unas representaciones litúrgicas como la mitra, báculo, evangelios, etc. Igualmente es de azulejos el zócalo que recubre los bajos de ambos laterales.

El cuarto domingo de Pascua, una vez acabadas las fiestas patronales de la Villa, se celebra la tradicional fiesta de la Font Santa con actos religiosos y romería popular en la zona recreativa de sus alrededores.

 

 

El patrón: San Vicente Ferrer.

 

Nacido en València en 1350, de una familia noble, sus padres le inculcaron desde pequeño el amor a los pobres y Vicente se encargaba de repartir las cuantiosas limosnas que la familia acostumbraba a dar. Creció en él una fervorosa devoción hacia Jesucristo y a la Virgen María que fue el preludio del admirable celo y la eminente santidad que había de alcanzar en la edad adulta.

Su padre quiso colocarle bien en el mundo, pero su pensamiento iba por otro camino que le llevó a ingresar en la Orden de Santo Domingo, en el Convento de Predicadores de su ciudad natal, donde se dedicó a practicar la perfección de su estado y a profundizar en los estudios, alcanzando a los 21 años el grado de profesor en filosofía. El cardenal Pedro de Luna, futuro Benedicto XIII o "Papa Luna" le impuso el grado de Doctor y en seguida se reveló en nuestro Santo el eminente talento que tenía para el púlpito.

Dio principio a su predicación en Barcelona, siguió por el norte hacia Europa, llegó a Francia, Italia y Alemania; de todos los países le llamaban para predicar. Se cuenta que los reyes salían de sus palacios a recibirle. Al don de lenguas le acompañaba el don de milagros, se hacía entender por todos los países y eso que él solo hablaba valenciano, su lengua materna, además del latín. Era la repetición del milagro de Pentecostés, él predicaba en valenciano por toda Europa y los naturales de cada país le entendían perfectamente como si les estuviera hablando en su propio idioma. De sus prédicas salían multitud de conversiones, alcanzaba incluso a moros y a judíos, y esto sí que es admirable porque no hay gente más difícil de convertir al catolicismo que un judío o un musulmán.

Tradición y leyenda se juntan para ensalzar su vocación milagrera que le acompaña en todas sus biografías, de su forma de obrar le viene ser conocido cariñosamente como “Sant Vicent el del ditet”, debido a que, según algunos, logró varios milagros alzando su dedo índice, siendo así representado en su iconografía.

En tiempos de nuestro Santo se produjeron dos acontecimientos de gran trascendencia en la historia de la cristiandad y en la historia de la Corona de Aragón: El gran Cisma de Occidente y el Compromiso de Caspe. En ambos tuvo destacada participación san Vicente.

Bertrand de Got, obispo de Burdeos, fue elegido Papa (1305-1314), con el nombre de Clemente V; bajo presiones del Rey de Francia Felipe IV y alegando inseguridad en Roma, fijó la sede pontificia en Aviñón que se mantuvo fuertemente sometida al trono francés hasta 1378. La lucha de poder en el papado se convirtió en un campo de batalla de los principales poderes políticos, con Francia apoyando al papa en Aviñón e Inglaterra que respaldaba la permanencia de los papas en Roma.

La cristiandad estaba descontenta con que el Papa no ocupase la Cátedra de san Pedro en Roma y con la elección de Gregorio XI, por las prédicas de santa Catalina de Siena, el papado volvió a Roma en 1378. La Curia francesa no aceptó este traslado y nombró otro Papa que continuó residiendo en Aviñón. El cisma estaba servido y hubo momentos en los que coincidieron hasta tres papas electos. Años negros para la Iglesia Católica, hasta que en 1417 volvieron las aguas a su cauce. El Concilio de Constanza, convocado en 1414, tras tres años de debates, propició la elección del cardenal Otón de Colonna como Martín V quien logró aplacar las tensiones. Con esto se dio fin al Gran Cisma de Occidente, tras casi cuarenta años de disputas.

Uno de los últimos papas cismáticos fue Benedicto XIII al que apoyaba Vicente Ferrer por su buena relación cuando aquél era cardenal. Destituido Benedicto del solio pontificio, se refugió hasta su muerte en el castillo de Peñíscola. Nuestro Vicente se separó del pontífice cismático y se alzó en defensa de la ortodoxia.

El otro conflicto en que se vio envuelto san Vicente Ferrer fue el llamado Compromiso de Caspe.

La muerte en 1410 del rey de Aragón, Martín I El Humano, sin descendencia y sin nombrar sucesor creó un vacío monárquico nunca visto en la Corona de Aragón que pudo resolverse tras un corto interregno de dos años con la convocatoria en Caspe de representantes de los distintos reinos con la firme decisión de no levantarse hasta no dar una solución pacífica y acordada al problema sucesorio.

Seis eran los aspirantes a la corona y nueve los compromisarios, tres por cada uno de los reinos de Aragón y València y otros tres por el condado de Barcelona. Por Valencia iba san Vicente Ferrer que se vio obligado a interrumpir temporalmente sus viajes y predicaciones. Intervino en primer lugar y con gran sensatez de juicio hizo una defensa clara de los derechos de Fernando de Antequera, infante de Castilla que obtuvo seis de los nueve votos en juego. Quedaba así instaurada en Aragón la dinastía Trastámara que venía reinando en Castilla desde 1369 con Enrique II.

Partió de nuevo el Santo para continuar su predicación por los territorios de la Corona de Aragón, pasó a Francia y llegó a la Bretaña, allí, en Vannes se sintió muy enfermo, sus compañeros quisieron volverle a València pero los lugareños no quisieron perder tan preciosísimo tesoro y en pocos días, el 5 de abril de 1419 se produjo su glorioso tránsito.

 

Ermita de San Vicente Ferrer.

 

La ermita:

 

En la confluencia de la Avinguda de las Palmas con el Carrer de les Germanes Oliver se habilitó en 1973 un espacio ajardinado en forma triangular, siguiendo la pendiente del terreno y que según se ensancha nos ofrece al fondo la silueta de la ermita de san Vicente Ferrer. En el vértice de la plaza hay una cruz de término de piedra sobre una columna octogonal. Avanzando hacia la ermita, unos metros antes de ella está el casilicio o "nicho", -en boca de Cavanilles-, de planta cuadrada de sillares de arenisca, cubierto por una pirámide encalada de blanco, en su interior pueden verse cerámicas con motivos alusivos a la labor predicadora del Santo. La tradición sitúa aquí el punto en que san Vicente predicó al despedirse del pueblo. En aquellos tiempos estos debían ser los arrabales, -Pascual Madoz la cita en 1849 "a cien pasos de la villa"- y por ello, al santuario, hoy plenamente urbano, se le denominó ermita.

El edificio, que cierra el jardín por el lado menor del triángulo, es de forma rectangular y ocupa una superficie de unos 300 metros cuadrados: Con toda probabilidad sabemos que no corresponde a la construcción original, de cuya existencia tenemos noticias desde la primera mitad del siglo XVII. La ermita, en la forma actual comenzó a construirse en la década de 1760 pues existen documentos justificativos de la adquisición de materiales por el Ayuntamiento de la villa del año 1767 y posteriores. Deberían estar muy avanzadas las obras en 1793 a tenor de la reseña aparecida en el altar de santa Catalina que reza "Blas Estruch. Lo pintó y decoró todo. Año 1793". Y, por último, tenemos noticia de la bendición de la ermita el 29 de marzo de 1797 llevada a cabo por don Juan Martínez, párroco de Teulada con la asistencia de los regidores de la villa y la presencia de gentes venidas de todos los alrededores.

       La planta es rectangular, 16 por 19 metros, con cubierta a tres aguas, la tercera cae sobre el muro testero y la confluencia de ellas la remata una cúpula sobre tambor octogonal de teja árabe en azul, blanco y verde. Los muros en fábrica de piedra y mortero, revestidos y pintados de blanco. La uniformidad de las tres fachadas secundarias se ve interrumpida por contrafuertes y muros en talud que le ofrecen mayor solidez, y en el lado izquierdo, uno de los contrafuertes es de mayor envergadura que pudo ser el arranque de otro edificio anejo, tal vez la casa del ermitaño. En el lado izquierdo los contrafuertes marcan tres tramos desiguales; en el tercero hay una puerta y una ventana enmarcadas de sillería arenisca adentellada que dan a la sacristía y a uno de los coros del interior.

La fachada principal dibuja las dos aguas de la cubierta, festoneadas de piedra arenisca con dos curvaturas ascendentes por cada lado hasta la espadaña donde se aloja la campana. En el perfil de la parte superior destacan siete adornos de piedra, cinco pequeñas pirámides con una bola en la cúspide, situadas tres en la espadaña y una a cada lado en las esquinas de las fachadas; en el centro de las líneas de pendiente, las pirámides son sustituidas por veneras de piedra. La puerta de acceso, definida por una moldura de piedra que rodea las jambas y el dintel, se enmarca en una amplia superficie de sillares de arenisca en claro contraste con el blanco del resto de la ermita y en este marco, además del vano de la puerta, se abren dos pequeñas ventanas una a cada lado y a baja altura. Se completa la vista, hacia arriba con otra ventana y un óculo para dar luz al interior, al lado derecho una representación de san Vicente Ferrer y al izquierdo una inscripción en cerámica de la inauguración de la ermita.

El interior responde, como es natural, al trazado rectangular de la planta; sin embargo, la disposición longitudinal de pilastras y pilares y sobre todo, la techumbre nos sitúan ante una planta que bien podemos llamar de cruz latina. La nave central, los brazos del transepto y el presbiterio se cubren con bóveda de cañón; las cuatro capillas laterales, con bóvedas vaídas y el crucero con cúpula semiesférica o de media naranja sobre tambor octogonal y pechinas. La comunicación entre las capillas es tan amplia que mirando al suelo, podría considerarse que son dos naves laterales; sólo sus bóvedas y los arcos formeros que las separan de la nave central les confieren la consideración de capilla individual. Las dos capillas que formarían el crucero están dedicadas, la de la derecha a santa Catalina y la de la izquierda a los santos Abdón y Senén.

En el lateral derecho, a la entrada, se conserva, adherido a la pared y enmarcado por ladrillos de cerámica procedentes del zócalo original de la Ermita de la Font Santa, un resto del pavimento de una casa donde pernoctó san Vicente en la Cuaresma de 1413, donado por don Vicente Calatayud Llobell.

El presbiterio tiene la anchura de la nave central puesto que el espacio que sería la prolongación de las dos naves laterales ha sido cerrado hasta media altura y dividido horizontalmente en dos niveles, el bajo para la sacristía y cuarto auxiliar y el alto para dos coros que miran sobre el altar con sendas barandillas y el frente que da a las naves laterales se cubre con una celosía de madera pintada de blanco; reciben la luz natural por dos ventanas que dan a la calle. Se accede al altar mediante una escalera central de marmol de tres peldaños.

De su estilo neoclásico como el conjunto de la decoración, merece destacarse el retablo formado por cuatro columnas con capiteles compuestos y el entablamento que enmarcan en la hornacina una pintura sobre tabla de la imagen del patrón, san Vicente, quizás de Gaspar de Requena el Joven, pintor renacentista condiscípulo de Juan de Juanes, aunque el fervor popular se la atribuye directamente al maestro, sin que se hayan podido comprobar estos extremos. Se completa el retablo en altura con otra hornacina flanqueada por dos columnas y en el ático, una imagen del Padre Eterno, posible resto de un primitivo retablo.

En toda la ermita podemos encontrar, además de lo anterior, distintas imágenes y pinturas convenientemente distribuidas que dan armonía y prestancia a todo el conjunto arquitectónico interior.

Aún siendo el 5 de abril la fecha de la muerte de san Vicente Ferrer, las fiestas populares en honor al Santo se han trasladado al lunes siguiente al segundo domingo de pascua, desarrollándose en los alrededores de la ermita actos religiosos y festivos en honor al patrón que lo es de la villa de Teulada- Moraira.

 

 

El patrón: San Vicente Ferrer.

Ver página 12

 

 

Ermita de la Divina Pastora.

 

La ermita:

 

En el centro de la villa, junto a la iglesia fortaleza de santa Catalina, se encuentra esta pequeña joya, entre renacentista y barroca, que apenas nos muestra dos de sus cuatro caras, ya que las otras dos han sido engullidas por edificios vecinales, quizás por el gusto de estar más cerca de la Patrona y participar de la belleza singular de su portada; aunque no lo hayan conseguido.

Estamos ante una ermita eminentemente urbana que, no obstante su ubicación, sus fiestas, que se celebran la tercera semana de setiembre, conservan todavía el sabor de la tradición, con la procesión, la entrada de la murta, la plantà del xop, el reparto del pa beneït, entre otros actos propios del mundo rural. Había la costumbre de llevar la imagen de la Santa en procesión hasta la casa donde había un difunto y allí se le cantaban unas plegarias. Como lugar sagrado que es, pudo tener relación con las exequias mortuorias y ser la antesala del cementerio que se encontraba junto a la Iglesia y que fue removido para ampliar la iglesia de santa Catalina.

Para datar la época de su construcción debemos guiarnos por sus características arquitectónicas, ya que no existe documentación ni referentes en que poder apoyarnos con certeza. Sus dos estilos, la portada renacentista nos lleva al siglo XVII y el barroco de la espadaña y la cubierta se corresponden con la arquitectura del siglo XVIII. Sabemos de una restauración efectuada en 1861 por lo que la pintura interior debe ser de esa época. Por último, en el año 1986 fueron restauradas las fachadas y parte de la cubierta, con el fin fundamental de consolidar la estructura y asegurar su durabilidad. Esta intervención fue promovida por la Asociació Cultural Amics de Teulada, según proyecto del arquitecto Joseph Ivars Pérez y con destacada aportación económica de la Diputación Provincial de Alicante.

La integración en una manzana de casas, como hemos adelantado en párrafos anteriores, solo nos permite ver el costado derecho y la portada. Esta se nos presenta esbelta y armoniosa, de sillería, formada por un arco de medio punto con dos pilastras a los lados que sobrepasan la clave del arco y se cierran con entablamento y cornisa. Aquí arranca un segundo cuerpo: un óculo ovalado en el centro y dos pináculos laterales flanquean otras dos pilastras lisas que conforman una hornacina rectangular y sostienen un tímpano triangular; en la hornacina, una cerámica de suaves colores representa la imagen de la Divina Pastora. El último cuerpo de la portada lo ocupa la espadaña, con el típico hueco que alberga la campana.

En la otra fachada visible, la de la derecha, sólo queda la esquina de piedra vista en sillares adentellados, el resto se ha revestido con mortero tintado en ocre, más claro la mitad de abajo que la de arriba. En lo alto, una pequeña ventana ciega, en el centro del muro, un rectángulo testigo de la mampostería original y una placa de cerámica que recuerda la restauración llevada a cabo en 1986 completan la vista del espectador.

La cubierta es de teja curva, a dos aguas, en la que destaca una cúpula semiesférica cubierta de tejas verdes, separados los ocho sectores por nervios de teja azul, elevada sobre un tambor octogonal con ventanas para dar luz al interior.

La planta interior es una sola nave rectangular con unas medidas de 7,60 por 4,50 metros, dividida en dos tramos por sendos pares de pilastras sin basa y con capitel toscano, que se continua a modo de entablamento que recorre todos los muros, excepto el testero. El primer tramo se cubre con bóveda de media naranja, hasta el tambor que soporta la cúpula sobre un anillo, pechinas y cuatro arcos de medio punto. En las pechinas hay decoraciones arbóreas y en la bóveda hay ocho ventanas cerradas con alabastro que permite la entrada de luz; se completa con decoración geométrica. En el tramo final, la bóveda es vaída, delimitada por cuatro arcos formeros, los longitudinales rebajados y los transversales de medio punto con decoración también geométrica.

El testero, al que se nos va la vista nada más entrar en la ermita, está decorado con gran solemnidad para realzar la presencia de la Virgen. Hasta el nivel del altar, la pared es lisa, pintada en ocre; a partir de aquí una suerte de entablamento sostiene dos pares de columnas con basa y doble capitel que alojan una profunda hornacina con la imagen de la Divina Pastora. Desde la línea de imposta del arco de la bóveda, otro par de columnas y un arco rebajado dan cobijo a un ático con un cuadro de san Juan Bautista. La superficie libre de columnas y otros elementos decorativos se termina con un estucado imitando mármol.

Por último, el muro de la entrada está integrado por dos pilastras en rincón; el hueco de la puerta terminado en arco rebajado y, sobre el entablamento, una ventana rectangular en el centro del arco.

 

 

 

La patrona: La Divina Pastora.

"En el centro y bajo la sombra de un árbol, la Virgen santísima sedente en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta las rodillas, de blanco pellico ceñido a la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el entorno de su cuerpo, y hacia el derecho en las espaldas, llevará el sombrero pastoril y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano izquierda sostendrá al Niño y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge a su regazo. Algunas ovejas rodearán la Virgen, formando su rebaño y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del Ave María con que la veneran..."

Son las palabras con las que el religioso Capuchino Isidoro de Sevilla (1662-1750) encarga al pintor Alonso Miguel de Tovar la reproducción en un lienzo de lo que había visto la noche del 15 de agosto de 1703 cuando estaba orando en la iglesia de la Orden y se le apareció la Santísima Virgen con traje y aspecto de Pastora.

El 8 de setiembre del mismo año, durante la fiesta de la Natividad de la Virgen, se realiza la primera procesión en que es mostrado el lienzo ante el pueblo sevillano bajo un álamo centenario en la gran Alameda de Hércules. Posteriormente, Francisco Ruiz Gijón, esculpió la primera imagen a tamaño natural de la Divina Pastora a fin de poder ser mostrada en procesión.

En 1729, Felipe V y su corte llegaron a Sevilla, visitaron el convento de los Capuchinos y el Padre Isidoro les dio a conocer la nueva devoción por él fundada, constituyendo tal hecho un fasto nacional que repercutió en toda España. Los reyes, príncipes, infantes y la nobleza se afiliaron en Sevilla a la Hermandad de la Divina Pastora, creada poco tiempo atrás.

La devoción y culto de la Divina Pastora fueron aprobados por su Santidad Pío VI el día 1 de agosto de 1795, señalando para el rezo y fiesta de la nueva Advocación, la del segundo domingo después de Pascua.

 

 

 

Ermita de Nuestra Señora de los Desamparados.

 

La ermita:

Situada en el centro turístico de Moraira, la separa de la costa la silueta de la imponente torre que fue baluarte defensivo frente a los ataques berberiscos desde la primera mitad del siglo XVIII. Sus comienzos estuvieron bajo la advocación de Nuestra Señora de los Desamparados, que, en su día, ésta era la patrona de los pescadores.

De minúscula traza, su planta rectangular mide 3,15 por 4,18 metros, se cubre a dos aguas con teja curva, toda ella muy austera, su único distintivo externo es una pequeña cruz de hierro que sobresale por la línea de cumbre en la fachada principal. Un murete de obra que no alcanza el metro de altura, la circunda y proteje dibujando un pasillo perimetral.

Las paredes del interior están revestidas de piedra y en el testero, sobre el altar, una hornacina con bordes de sillarejos de arenisca aloja una imagen de san Juan Bautista, con una Virgen del Carmen sobre un pedestal, a su derecha. Otras pequeñas imágenes se distribuyen dentro de la hornacina y sobre el altar creando una suerte de retablo de figuras inconexas.

Se estima que su origen pudo estar en una capilla en el interior del castillo que ya existía antes de 1746, año en que se constata una donación del Arzobispo Mayoral de una imagen de Nuestra Señora de los Desamparados y un cáliz para celebrar. La pequeña ermita se construyó para acercar el culto a los pescadores que vivían junto al puerto y evitar que tuvieran que subir al pueblo de Teulada. Es el germen de la actual Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados que se construyó el último cuarto del siglo XIX.

En la actualidad se encuentra fuera de culto y sólo se celebra una ofrenda de flores la víspera de la Virgen de los Desamparados, el 14 de julio, pues la fiesta se celebra el día 15.

 

 

 

La patrona: Nuestra Señora de los Desamparados.

 

En el devocionario católico se suelen utilizar las formas “Santa María de”, “Virgen de”, “Nuestra Señora de", o quizás alguna más, para referirnos a las innumerables denominaciones complementarias con las que los fieles enfatizan al encomendarse a la Virgen María, madre de Jesús. Es lo que la Iglesia admite como advocaciones marianas y entierra su origen en apariciones, dones o atributos con el que los fieles han querido individualizar su culto y que se rinde de muy diversas maneras. Por extensión, las advocaciones han dado lugar a muchos nombres propios femeninos, compuestos con el inicial de María, seguido de la particular advocación; ej.: ...del Carmen; ...del Coro; ...del Pino y, en nuestro caso, ...de los Desamparados. Como es de esperar, en muchos casos, el uso común del nombre ha olvidado el inicial de María para dejar sólo el de la advocación.

Debemos remontarnos a los albores del siglo XV para encontrar el origen y reconocimiento de la advocación mariana que ahora nos ocupa y que hunde sus raíces en la ciudad de València de la que es patrona, por bula pontificia del Papa León XIII desde abril de 1885.

Comenzaba la Cuaresma de 1409 y el religioso mercedario Fray Juan Gilabert Jofré se dirigía a la Catedral de Valencia a predicar la homilía de la misa mayor cuando por el camino observó que un grupo de muchachuelos se mofaban y maltrataban a un pobre y desamparado demente. Intervino el buen fraile en socorro del desgraciado y tras liberarle y amonestar a los jóvenes, prosiguió su camino tan vivamente impresionado por el suceso que cambió el contenido de su sermón incluyendo en él una emotiva llamada a la caridad y a favor de los desvalidos o incapaces, que abandonados a su miseria por las calles, eran sujeto de toda clase de abusos y vejaciones.

El sermón removió las conciencias de los asistentes. Había que hacer algo. Tomó la iniciativa un mercader de la ciudad llamado Lorenzo Salom; convocó a los presentes y a otras gentes de bien, trasladaron su inquietud al Consejo General de la Ciudad que se puso a estudiar la iniciativa y en poco más de tres meses comenzaban las obras de un centro de acogida con esta finalidad. A la par se constituyó una cofradía para sufragar los gastos del hospital, sin menoscabo de las oportunas amortizaciones que concedió el Rey Martín I el Humano y las constituciones aprobadas por el Papa Benedicto XIII.

El objetivo era atender a los enfermos pero debido a las hambrunas y al gran índice de orfandad, el centro se amplió para recoger a los niños desamparados, locos, expósitos y abandonados; y en esto radica la originalidad de la propuesta, que a la atención humanitaria dispensada a los allí acogidos, se les proporcionara además asistencia médica, lo cual significó, a groso modo, la fundación del primer hospital psiquiátrico del mundo.

Inicialmente el hospital quedó bajo el amparo de santa María de los Inocentes y la cofradía que se había constituido se llamaba Nuestra Señora Santa María de los Locos, Inocentes y Desamparados. Pronto, el fervor popular a las imágenes que se tallaron al efecto les simplificó el nombre y quedó como ahora la conocemos.

El 21 de abril de 1885, el papa León XIII concedió una bula pontificia por la que nombraba patrona de València a la Virgen de los Desamparados. Y ya en pleno siglo XX el Papa Juan XXIII, declara “... a la bienaventurada Virgen María bajo el título de Nuestra Señora de los Desamparados, Celestial Patrona Principal ante Dios de toda la Región Valenciana". La onomástica de las Amparos se celebra el 8 de Mayo.

 

 

Ermita de san Juan Bautista

(el Portet de Moraira)

 

La ermita:

La encontraremos con cierta dificultad en un extremo de la playa del Portet. La presión urbanística ha acabado por engullirla como si de un chalé residencial se tratara. Es prácticamente imposible comtemplar sus alrededores.

Al parecer, se construyó el año 1856, siendo su impulsor el párroco Mosén Francisco. Desde su primer momento, fue puesta, no se sabe por que razón, bajo el patrocinio de san Juan Bautista Niño. Más tarde, por los años 40 del siglo pasado, fue ampliada por el Reverendo Vicente Buigues, hijo de Teulada y párroco de Benissa. De entonces data el porche que precede a la ermita. La actual imagen de san Juan Bautista Niño no es la original, pues aquella fue quemada en 1936. La actual que se venera en el pequeño templo no consta cómo fue adquirida.

La ermita, edificio parcialmente adosado a viviendas particulares se compone de dos cuerpos: el principal con cubierta a dos aguas de teja plana, y otro menor adosado al lado izquierdo con cubierta a una vertiente hecha con teja árabe, en cuya parte delantera se levanta una espadaña y en su hueco en arco de medio punto se aloja la campana.

La fachada principal, toda ella bajo el porche es escueta; dos puertas con arco de medio punto, más grande la de la derecha, dan acceso a las dos naves interiores. Un pequeño muro perpendicular con una ventana cegada con una celosía de madera nos separa de la vivienda particular del vecino.

El interior es de planta rectangular de 6,80 por 10,20 metros, dividido longitudinalmente en dos naves desiguales que se corresponden con las puertas del porche: la principal con techumbre de bóveda de cañón y la de la izquierda, a una pendiente con vigas de madera vista; separan ambas naves dos robustos pilares y pilastras en los extremos, de base cuadrada, pintados de ocre hasta la imposta donde arrancan los tres arcos de medio punto.

El presbiterio se eleva un peldaño del suelo general y está presidido por una hornacina y en su interior, la imagen de san Juan Bautista Niño. A cada lado, dos pares de columnas estucadas en imitación marmol soportan un entablamento toscano, blanco, verde y cenefas doradas y acaba con un arco rebajado, siguiendo la curvatura del techo, con la misma decoración. A cada lado, fuera de las columnas hay dos imágenes sobre peana adosada a la pared: a la izquierda san Vicente de Paúl y a la derecha el Arcángel San Gabriel.

La sacristía, de reducidas dimensiones, ocupa la parte delantera de la nave lateral, se accede a ella por una puerta a la izquierda del altar; hace también las veces de confesionario y el sacerdote asiste al penitente desde dentro de la sacristía a través de una ventanilla de celosía abierta en una puerta que da con la nave lateral.

El suelo es de cerámica blanco y negro dispuesto en ajedrezado y en el lateral derecho hay un zócalo de azulejo modernista, con dibujo geométrico blanco, verde y marrón.

La ermita está todo el año cerrada al culto, excepto los domingos de los meses de verano. En junio, la noche de san Juan se celebra una romería en procesión desde la parroquia del pueblo, Nuestra Señora de los Desamparados.

 

 

El Patrón: San Juan Bautista.

Ver página 9

 

 

Ermita de san Juan de Dios

(Les Platgetes)

La ermita:

Situada en un entorno residencial de chalés unifamiliares a la sombra de un frondoso pinar, característico de esta franja de la Marina Alta, cerca del núcleo urbano de Moraira y a escasos metros de la playa de Les Platgetes.

Se ubica en una parcela cedida por un vecino de la zona llamado Juan de Dios Torres Sala en los años 50 del pasado siglo y construida con aportaciones económicas y materiales de los residentes de la zona para su culto y asistencia. La parcela, perfectamente vallada, está solada en su mayor parte con cerámica roja.

Es un edificio de fábrica revestido y encalado al exterior. De planta rectangular con contrafuertes externos, de los que el primer par se alinea con la fachada principal sugiriendo un pentágono irregular que se apoya sobre su lado mayor. La cubierta presenta dos soluciones que en el interior se corresponden con la nave y la sacristía; la primera es a dos aguas y la segunda, sin alcanzar la cota de las vertientes, se inclina plana, a modo de adosado hacia la parte trasera.

Varias ventanas desiguales rompen el plano de los muros y en la fachada principal se abre una gran puerta que permite, además del acceso, que los fieles puedan seguir el oficio desde la explanada, bajo los pinos. Sobre un tejadillo que proteje el dintel se abre una hornacina con grabado cerámico alusivo al Santo Patrón; sobre él una abertura triangular de ventilación y corona el hastial una bola que sirve de peana a una fina cruz de hierro. No falta la espadaña con su campana; pero no en la fachada como en la mayoría de las ermitas, sino en la parte intermedia sobre el muro de cabecera, que separa las cubiertas de la nave y de la sacristía.

En el interior, la parte dedicada al culto es una nave de planta única rectangular, con unas dimensiones de 5 x 7 metros dividida en dos tramos por un arco rebajado apoyado sobre pilastras sin solución de continuidad, que se corresponden con los contrafuertes exteriores. La techumbre es plana de cielo raso; todos los paramentos están encalados de blanco y destaca una orla recta de color marrón en el intradós del arco y bordeando todas las rupturas de los paramentos como puertas, ventanas y hornacinas.

En el primer tramo encontramos dos hornacinas, una a cada lado con imágenes de san José a la derecha y san Antonio de Padua a la izquierda.

El presbiterio está un peldaño elevado sobre el suelo general, todo él de ajedrezado cerámico. El altar es recto con una hornacina central que acoge a un Cristo Crucificado, entre las imágenes de san Juan de Dios, a la derecha y otra de la Virgen Milagrosa, a la izquierda. Dos ventanas laterales dan luz a esta zona. Detrás del altar se encuentra la sacristía a la que se accede desde el interior por dos vanos laterales, o por una puerta que da al exterior.

Se celebra misa únicamente los sábados durante el verano y el resto del año permanece cerrada al culto.

 

 

El patrón: san Juan de Dios

João Cidade Duarte, que así fue bautizado nuestro santo, nació en Montemayor la Nueva de Portugal en 1495, llevó una vida agitada, aventurera e impensable para el hijo de un honrado posadero de esta hermosa villa del Alentejo. Podemos suponerle una infancia oyendo historias de los viajeros que allí se detenían que alimentaron su fantasía de chiquillo para el que aquel pueblo se le quedaba pequeño. No prendió en él la semilla del oficio paterno y a los nueve años se marchó sin decir nada con un clérigo que se había hospedado unos días antes.

Fue a dar a Castilla, siendo, durante un tiempo, zagal de un pastor de Oropesa. El tiempo pasaba muy despacio para él y viendo que la vida campestre no era su destino, en cuanto pudo sentó plaza de soldado en el ejército del Emperador Carlos V que sitiaba Fuenterrabía entonces en poder de los Franceses.

Fue para él una dura experiencia y el poco celo que ponía en sus obligaciones hizo que lo expulsaran y a punto estuvo de ser ahorcado por un mal uso del pecunio de su compañía. A pesar de ello, volvió a combatir en las tropas del conde de Oropesa en 1532, en el auxilio de Carlos V a Viena, sitiada por los turcos de Solimán I.

A su regreso a España, siente la necesidad de reencontrarse con sus orígenes y vuelve a Portugal, la desolación se apodera de él cuando conoce que sus padres han muerto y tan sólo queda su tío. De allí pasa a Andalucía y decide embarcar para África. En el barco, entra al servicio de la familia Almeyda. La enfermedad hizo presa en la familia y tuvieron que gastar toda su fortuna; Juan les ayudó trabajando para ellos mostrando ya el germen de caridad que le convertiría en santo.

De regreso a la Península se hace vendedor ambulante de libros y estampas. Se instala en Granada y monta una librería que le permite entrar en contacto con la literatura de tipo religioso y devocional. Ya imbuído de un fuerte espíritu caritativo escucha un sermón de Juan de Ávila y se produce en él una conmoción tal, que le lleva a destruir los libros que vendía; vaga desnudo por la ciudad; los niños lo apedrean y todos se burlan de él. Su comportamiento es el de un loco y, como tal, es encerrado en el Hospital Real.

Vuelto en sí lleno de entusiasmo y humanitario sentir, acoge a los enfermos y desfavorecidos de la ciudad en casas que alquila y convierte en hospital y es tal el éxito de su beneficencia que en los diez años siguientes se ve obligado a abrir otro hospital. Son hospitales revolucionarios para su época, no sólo por el trato y calor humano que los enfermos reciben de Juan y sus compañeros, sino también por los criterios que introduce, innovadores en aquella época como es la separación de los enfermos en atención al tipo de enfermedad y la atención a medidas higiénicas y de cuidados.

Después de una vida de sacrificios y desvelos al servicio de los enfermos, el 8 de marzo de 1550, a los 55 años, moría Juan de Dios en Granada, víctima de una pulmonía a consecuencia de haberse tirado al río Genil para salvar a un joven que, aprovechando la crecida del río, había ido para recoger leña pero se cayó en medio de la corriente y estaba en trance de ahogarse. Lógico final para una vida totalmente entregada a los demás.

A san Juan de Dios se le representa con un niño enfermo en sus brazos y sus discípulos continuaron sus buenas obras y fundaron la Orden Hospitalaria de san Juan de Dios. Es el patrón de los hospitales, de los enfermos y de los enfermeros y sus asociaciones. Desde 1930 es también patrón del cuerpo de bomberos y su festividad se celebra el día 8 de marzo.

 


 

BENISSA

 

Ermita de Santa Bárbara (Pinos)

 

La ermita:

 

Pinos es la partida rural de Benissa más alejada de la población y hasta el siglo pasado una de las más habitadas; hoy alcanza sus máximos de población en verano. En un hábitat eminentemente diseminado, encontramos una agrupación de una escasa decena de viviendas alrededor de una plaza en la que destacan la antigua escuela y la ermita de santa Bárbara. Delante de la ermita, en el lateral opuesto de la plaza, hay una cruz de piedra. A efectos de datación, Pascual Madoz la cita en las visitas efectuadas en 1863 y 1895.

La ermita está totalmente rodeada de otras construcciones, excepto la fachada principal frente a la que dos esbeltos cipreses han impedido, quizás, que también se la oculte. Distinguimos la ermita por el contorno de las líneas superiores de una larga pared blanca; aproximadamente en el centro está la puerta adintelada en arco muy rebajado, sobre ella, un óculo redondo para dar luz a la ermita. Todo ello muy austero y más arriba, una línea de imposta da el arranque a la parte que arquitectónicamente más nos indica que estamos ante un edificio religioso. Se alza un pretil contorneado en arco compuesto con pináculos piramidales en los extremos y en la cima, la espadaña que alberga la campana y se corona con una pequeña cruz.

A la izquierda, a menor altura que la cubierta de la ermita está lo que fue la casa del párroco que era ocupada temporalmente cuando el desplazamiento diario al centro de la población no era factible. Hoy es un espacio habilitado para que los festeros guarden los enseres propios de las celebraciones.

Cuadro de texto: Santa Bárbara
La planta, de nave rectangular cubierta a dos aguas, mide 12,06 por 6,24 metros y está dividida longitudinalmente en tres tramos desiguales, el tercero, el presbiterio, más pequeño que los anteriores. La separación entre tramos se presenta muy marcada por la envergadura de las pilastras y de los arcos, que, a su vez, dan solidez a la estructura. El interior de los arcos y pilastras está decorado con una banda de estuco rojizo jalonada por rosetones simétricamente distribuidos.

Una viga longitudinal corre por el centro de los arcos para dar apoyo a las vigas transversales cuya inclinación configura la techumbre a dos vertientes, reflejo de la cubierta.

El presbiterio que ocupa el tercer tramo, está elevado del resto de la nave por un peldaño con tabica de cerámica policromada. En él distinguimos la mesa del altar y el testero recto con retablo neoclásico en madera natural con una hornacina central flanqueada por dos pares de pilastras de fuste acanalado, unidos en altura por capiteles y arquitrabe toscanos. En su interior se aloja la imagen de santa Bárbara, acompañada a ambos lados por otras pequeñas estatuillas de santos.

A la izquierda se encuentra la entrada a la sacristía y sobre ella, un balcón con barandilla de madera nos muestra el coro.

Las paredes están pintadas de blanco con un zócalo más oscuro hasta un metro aproximadamente del suelo que es de baldosa cerámica roja.

Su festividad se celebra la segunda semana de agosto y sus actos más destacados son: la santa misa y la procesión con la patrona alrededor de la plaza, reparto del "pá beneït", la "entrà de la murta", cenas populares, juegos infantiles y danzas típicas.

 

 

 

La patrona: Santa Bárbara

 

Viene de tradición que, estando el cielo sereno y el aire muy quieto, un estruendo sordo y prolongado vino de las alturas al tiempo que una nube gris plomizo sacaba de sus entrañas un rayo ardiente y mortífero que vino a dar a los pies de Dióscoro, acabando con la vida de uno de los más furiosos secuaces del paganismo. Terco y cruel, su bárbaro proceder solo era igualado por el celo y amor con que idolatraba a su única hija Bárbara llegando a tal punto su obstinada necedad que cuajó en su mente la ridícula idea de apartarla del mundo para que ningún otro hombre pudiera gozar ni siquiera con la vista de una belleza tan extraordinaria.

Mandó construir un aposento en lo más alto de una torre e hizo encerrar en él a nuestra Santa.

En su soledad, Bárbara cultivaba el espíritu y crecían en ella las ansias de desvelar los misterios de un universo tan ordenado, los días, las noches, las estrellas y los astros que hermoseaban el firmamento. Pidió ayuda a su padre y éste no dudó en proveerla de uno de los sabios más reputados de su tiempo, el anciano Orígenes de Alejandría, sin saber que era cristiano. Pronto su encierro se vio iluminado por las luces de la fe cristiana y no encontraba gusto en otra cosa que en la oración y en las máximas del Evangelio.

Pidió a su padre permiso para hacer un baño a un lado de su celda y aprovechó que éste hacía un largo viaje para hacer realmente una capilla con tres ventanas que tuvo como símbolo de la Santísima Trinidad, a falta de otros atributos visibles que el padre no toleraría. Volvió Dióscoro de su viaje y pensó que era hora llegada de que su hija tomara estado y le buscó un ventajoso partido que la haría una de las señoras más principales de la provincia. Con dulzura y cuidando no descubrir su determinación de consagrar su virginidad a los designios del Señor, contestó que no quería casarse y que así cuidaría mejor de él en su cercana vejez.

Nada le negaba su padre y un día que la mandó bajar a su lujosa mansión, Bárbara no pudo reprimir su ira; había entrado en la casa de un pagano supersticioso y mirando a su alrededor, con tono indignado dijo: ¿Qué hacen aquí estos ridículos muñecos?, ¿Cómo es posible que  un hombre cuerdo y juicioso como vos tenga por dioses a estas repugnantes figurillas?. Dióscoro comprendió entonces que su hija era cristiana, la denunció al Gobernador Marciano y un tribunal la condenó a terribles torturas. Las heridas que le infligían sus verdugos eran sanadas cada noche por intervención de Jesucristo.

Viéndose vencido por una niña que no renegaba de su fe, Marciano ordenó que la decapitaran a lo que el cruel Dióscoro se ofreció a ejecutarla él en persona. Rodó la cabeza de nuestra Santa y el cielo se abrió entre truenos y rayos trayendo la muerte del malvado padre y la palma del martirio para santa Bárbara.

Esto ocurría en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, el día 4 de diciembre del año 235 de nuestra era, siendo emperador Maximino el Tracio. Es este el día que la Iglesia Católica celebra su onomástica y debido a la leyenda del rayo que mató a su padre, santa Bárbara es patrona de las profesiones que manejan explosivos, en particular, de los mineros y del Arma de Artillería.

 

 

Ermita de sant Jaume (Benimarco)

 

La ermita:

 

La partida Benimarco ocupa parte de los términos municipales de Teulada y Benissa, se sitúa a unos cuatro kilómetros del área urbana de esta última, en la parte alta, antes de iniciar el descenso hacia las playas. Está fuertemente urbanizada, conservando, no obstante una importante masa arbórea, sin solución de continuidad hasta la línea de costa. El tipo de vivienda es unifamiliar alternando las nuevas construcciones con las tradicionales casas de labor típicas de la zona.

Cuadro de texto: Sant Jaume
En el centro se dibuja una plaza en la que nos recibe una cruz de piedra y al fondo destaca la ermita de sant Jaume, separada por una calle de las antiguas escuelas. La ermita es la principal manifestación arquitectónica de la partida, está adosada a viviendas particulares por sus lados derecho y posterior, los muros, sólidos de mampostería revestida y pintada de blanco, excepto en el único lateral visible, el izquierdo, en el que se aprecian dos contrafuertes de piedra vista sin revestimiento, igual que su espacio intermedio. La cubierta es a dos aguas con teja curva.

La fachada principal está orientada a poniente, de abajo a arriba encontramos un banco de obra corrido a ambos lados de la puerta, ésta se eleva sobre tres peldaños con vano rectangular adintelado, a su lado derecho una placa de cerámica dice "Ermita de Sant Jaume. Partida Benimarco. s XVIII". Encima de la puerta hay una ventana rectangular con vidriera con la imagen de un evangelista y el imaginario frontón se completa con un reloj de sol fechado en 1999 festoneado en su parte superior con una leve imposta mixtilínea de ladrillo visto.

La espadaña, está retranqueada respecto a la fachada, es de piedra, de toque neoclásico, el hueco para la campana se cierra en arco de medio punto y en la cima hay una veleta, en lugar de la clásica cruz, con una esfera de piedra a cada lado.

Su interior, de planta única rectangular de 11,26 por 7,60 metros. La techumbre, a dos vertientes se apoya en vigas transversales que a su vez lo hacen sobre una viga más recia longitudinal. Dos pares de pilastras que dan sustento a sendos arcos apuntados dividen en tres la estancia que nos ofrece, en la tercera, un presbiterio profusamente decorado: a nivel del altar, una hornacina en un friso rectangular con dos columnas laterales acoge una imagen de sant Jaume ecuestre blandiendo la espada en actitud triunfante; coronando la representación está una cruz con un Cristo que llega hasta el techo. A los lados, dos imágenes del Sagrado Corazón y de san Vicente Ferrer completan el testero. Las dos primeras partes quedan para los asistentes al culto.

Es de destacar las líneas pintadas de marrón sobre blanco en las impostas, en el contorno de las pilastras y en el intradós de los arcos así como el fuerte azul del enyesado entre vigas. No se puede obviar el buen estado de conservación, tanto interior como exterior.

El templo tiene la condición de Bien de Relevancia Local, es el único de Benissa que tiene culto todo el año y sus fiestas se celebran alrededor del día del Patrón, 25 de julio, que es el día grande con una misa solemne y la tradicional procesión en honor del santo por los alrededores de la ermita: pasacalles, concurso de paellas y fuegos artificiales junto con otras demostraciones festivas completan los días que duran las celebraciones, participadas por todo el pueblo y cantidad de extranjeros que viven en las inmediaciones.

 

 

 

El Patrón: Sant Jaume.

 

Santiago Apóstol llamado tambien Santiago el Mayor era hermano de san Juan Evangelista; Los dos hermanos eran pescadores en el mar de Galilea, donde los reclutó Jesus después de presenciar la pesca milagrosa, con la conocida invitación "Desde ahora seréis pescadores de hombres". Dejaron sus redes y amarraron sus barcas y se fueron con Jesucristo a colaborar en su apostolado. Junto con Pedro formaban el grupo de los tres preferidos de Jesús.

Nacido en Betsaida, Galilea, hijo de Zebedeo y María Salomé, desconocemos su fecha de nacimiento, se le atribuye una edad ligeramente superior a la de Jesús. En los tres años de vida pública del Maestro, recibe un trato privilegiado y es testigo presencial de sorprendentes hechos como la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración de Jesús y la oración en el Huerto de los Olivos. También presenció la aparición de Jesús, ya resucitado, a orillas del lago Tiberíades.

Tras un largo recorrido de apostolado, a su regreso a Jerusalén, es condenado a muerte y decapitado por orden del Rey de Judea Herodes Agripa I. Por ello, situamos la fecha de su muerte entre los años 41 y 44, pues fueron los años del reinado del rey Agripa I. Así el hijo de Zebedeo tuvo el honor de ser el primero de los apóstoles que derramó su sangre por proclamar la religión de Jesús Resucitado.

Un tiempo después de Pentecostés, cuando los Apóstoles se dispersaron por el orbe para predicar la palabra de Cristo, Santiago tomó el camino de occidente y se dirigió a la Península Ibérica. Pudo atracar en Cartagena, Cádiz o en las costas de Galicia; aunque la tradición nos lo sitúa en estas tierras, en Zaragoza y también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos, ya que sus prédicas no eran bien recibidas por los paganos que poblaban la Hispania romana.

Según unos relatos, su prédica habría comenzado en la Gallaecia y es tradición que España fue evangelizada por el Apóstol Santiago y que, con dificultad, hizo algunos discípulos, sus más fieles, los siete Varones Apostólicos, continuaron la tarea de evangelización una vez que Santiago regresó a Jerusalén y después de haber sido ordenados obispos por san Pedro en Roma. La vuelta de Santiago a Jerusalén es el arranque de la consagración mariana de España en la Iglesia Católica. El 2 de enero del año 40 d.C. la Virgen María se apareció "en carne mortal" a Santiago en la Caesaraugusta romana, mucho antes de su asunción a los cielos, y dejó como testimonio una columna de mármol conocida popularmente como "el Pilar". Confortado con esta presencia edificaron una primitiva capilla de adobe en la vera del Ebro, origen de lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza.

Consumado su martirio en el Monte Calvario, la leyenda se cierra con que de la mano de dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, el cuerpo del Apóstol cruzó de nuevo el mar Mediterráneo y costeando el Atlántico llegó hasta el puerto de Iria Flavia donde sus restos recibieron sagrada sepultura.

Un silencio de casi ocho siglos se rompe alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, cuando el obispo Teodomiro dice haber sido avisado por un campesino de la aparición de unas luces o estrellas sobre el monte Libredón a unos 20 kilómetros de Iria Flavia; procedieron a excavar y dieron con un cuerpo decapitado con la cabeza bajo el brazo. Interpretaron que la Providencia les había indicado la sepultura del Apóstol y este es el origen legendario de la Catedral de Santiago de Compostela a la vez que el final del llamado "Camino de Santiago" que desde aquí y hasta nuestros días es recorrido por miles de devotos peregrinos desde todos los rincones de Europa para visitar su sepulcro y obtener sus mercedes.

Su fiesta onomástica se conmemora el 25 de Julio con grandes celebraciones en muchos pueblos y ciudades de España y en Santiago de Compostela se celebra el día Nacional de Galicia.

Desde el año 1630, en el reinado de Felipe IV, el Papa Urbano VIII decreta que Santiago sea considerado solo y único Patrón de la Nación Española, que no existía entonces y que Francisco de Quevedo apostilla diciendo: "...para que cuando llegue el día pudiera interceder por ella y volverla otra vez a la vida con su doctrina y con su espada". Es también patrón del Arma de Caballería desde 1846.

 

 

 

Ermita de santa Ana

 

La ermita:

 

Las guías de turismo recomiendan ir a pie desde Benissa y como está bien indicado es buena opción. El camino es cómodo y todo él está asfaltado, pasaremos junto a un lavadero Pou d'Avall; después, bajando, una tierra arañada y gastada por la escorrentía de las tormentas nos lleva a nuestro destino en poco más de 15 minutos. A un lado y otro, vegetación, abundante vegetación que aumenta a medida que nos acercamos a la ermita. En un descanso de la pendiente, una pequeña plaza se asoma al barranco que, estando antes que la ermita, ha tomado su nombre de ella: santa Ana. Sus aguas, escasas en frecuencia pero atropelladas en las tormentas, se unen al Quisi para que las lleve al mar, a las playas de Calp.

El atractivo y singularidad del emplazamiento sobre el que se asienta la ermita fue ya considerado a principios del siglo XVII por los Padres Franciscanos cuando decidieron instalarse en esta comarca; pero lo desestimaron y se subieron a la parte alta del pueblo, donde el edificio continúa aunque la Orden lo abandonó el pasado año 2017. La idea no cayó en el olvido y en 1613 se construyó la ermita que hoy conocemos, por lo que resulta ser la ermita más antigua de Benissa.

La plaza de la ermita es recogida, por un lado la cierra la pendiente del terreno y por otro, un murete y algunos arbustos protegen al visitante de la caída por el barranco. En el centro hay una cruz de piedra elevada sobre una grada de tres peldaños, que la hace más esbelta y armoniosa. El conjunto arquitectónico es un solo edificio exento en el que se encuentran la ermita, la casa del ermitaño y la sacristía; desde el exterior se diferencian por los distintos niveles de los tejados. En el lateral izquierdo se adosa la sacristía y en prolongación del testero, la casa del ermitaño, de considerables dimensiones: dos plantas con tres pares de ventanas al levante y una puerta de acceso en el lindero con la ermita.

Al acercarse, la vista te lleva a la extraordinaria fachada de sillares de arenisca en perfecta colocación geométrica con juntas de mortero bien definidas que realzan la belleza y solidez de la obra. La puerta se resuelve en arco de medio punto adovelado y, en lo alto, una línea de imposta lobulada marca el perfil de las dos vertientes sin ningún otro detalle que destacar. Sorprende la armonía con que conviven esta fachada, sin duda la más antigua, con otra moderna, de mampostería revestida y blanqueada que asoma un poco retranqueada por encima de la imposta de piedra y que es la verdadera cubierta de la ermita; sobre el vértice de ésta se eleva la espadaña de formas geométricas que alberga el hueco con la campana. Al lado derecho de la puerta hay una placa de cerámica que dice "Ermita de santa Ana. Partida santa Ana. s. XVII". Se completa esta vista con una acera de un metro de ancho aproximadamente, solada de piezas hexagonales de cerámica roja.

De los laterales visibles, en el derecho hay dos contrafuertes que se han conservado de piedra vista, así como el plano entre ellos; en altura tres ventanas en aspillera enmarcadas de piedra arenisca. El lado izquierdo es el de composición más compleja y el de mayor belleza: en la esquina de la fachada principal asoman los sillares en disposición dentada y se continúa un paramento rugoso encalado, un contrafuerte de piedra y dos ventanas similares a las del lado derecho. La sacristía resulta minúscula frente al empaque de la ermita pero no por eso es menos bella: toda ella pintada de blanco y con las esquinas rematadas con sillares dentados y dos pequeñas ventanas adinteladas para dar luz al interior.

Por último, las cubiertas de las tres estancias son a dos aguas de teja curva.

La planta es de una sola nave rectangular, mide 14,31 por 5,47 metros. Se divide en tres tramos por dos arcos diafragmas de medio punto, de piedra tosca, que se apoyan en pilastras de piedra arenisca, ya esperadas cuando observábamos los contrafuertes exteriores; en cada división hay una ventana al exterior. La techumbre, a dos aguas deja al descubierto los bardos cerámicos y el armazón de vigas transversales que se apoyan en otra longitudinal más robusta.

Todas las paredes interiores estuvieron recubiertas de pinturas ejecutadas en seco, que han permanecido ocultas, tal vez desde 1758 en que la ermita fue visitada por el arzobispo de Valencia Andrés Mayoral Alonso de Mella, conocido como Arzobispo Mayoral y, no siendo de su agrado, mandó que las borraran. Han salido a la luz, aunque bastante deterioradas, en 2002 con motivo de la reparación de la techumbre y una muy importante obra de restauración que acabó en julio de 2007.

Al entrar, en la parte interior del muro de los pies, podemos observar que el hueco de la puerta es adintelado esbozando apenas un arco muy rebajado y, más arriba, una cornisa rectangular dibuja un frontón triangulado con las líneas de cubierta; a la derecha una pila de agua bendita y un poco más arriba, una de las pinturas mejor conservadas, que representa la adoración de los Magos. En el lateral derecho, en el tramo central,    permanece adosado lo que fue el púlpito; hoy sólo queda la escalera y la tribuna, sin restos del antepecho ni el tornavoz; es en este lado donde las pinturas están mejor conservadas.

Los dos primeros tramos son ocupados por bancos para su uso durante el culto y el tercer tramo lo ocupa el presbiterio levantado dos peldaños respecto del suelo general. En el testero, plano de mampostería, hay una hornacina con santa Ana y la Virgen niña; sobre ella, una cruz con el Cristo de san Francisco, de talla moderna. Recibe luz por la ventana de la derecha y a la izquierda está la entrada a la sacristía contorneada por una moldura de yeso de estilo renacentista y en altura, una ventana ciega. La techumbre es a dos aguas con vigas de madera vista que bajan del hastial hasta los muros.

Desde su construcción ha estado en uso casi permanentemente y a lo largo de sus cuatro siglos de existencia es citada en varias ocasiones y por diversos motivos: la fecha de su construcción la conocemos por la inscripción "1613" que aparece en un sillar a la derecha en la fachada principal; en 1617 sabemos del inventario que hizo su primer ermitaño y doce años más tarde, es registrada la donación testamentaria de una vecina; cambios de ermitaños y distintas donaciones se suceden a lo largo del tiempo y también es citada, junto con otras, por Pascual Madoz en su Diccionario de 1846. En definitiva, podemos suponer que su culto ha sido continuo.

Su festividad se celebra el 26 de Julio y es muy bien acogida por todos los del lugar. Empieza con la despertá al son de dulzainas y el disparo de cohetes; santa misa y procesión; almuerzo popular, baile y más fuegos artificiales por la noche.

 

 

 

La patrona: santa Ana

 

Se venera la santidad de Ana más por los frutos de su vientre que por los prodigios o milagros que realizara en su vida. Igualmente es difícil encontrar una referencia que no la mencione junto a Joaquín, su marido.

Constituían Ana y Joaquín un piadoso matrimonio de clase acomodada en Belén, de la Palestina bíblica, cuya felicidad solo era ensombrecida porque después de cuarenta años de matrimonio, el Señor no les había concedido la gracia de la descendencia; la esterilidad era entonces reputada como una maldición del cielo. Sus vecinos se burlaban de ellos, hasta tanto, que en una ocasión fue rechazada la ofrenda que Joaquín llevaba al templo.

Apenado y contrito, Joaquín se retiró a una montaña donde pidió a Dios que le diera un hijo ayunando durante cuarenta días y cuarenta noches, mientras, Ana lloraba en casa su dolor. Dios escuchó sus ruegos y un Ángel se les apareció simultáneamente anunciándoles que concebirían un hijo.

"¡Señor! Lo que he dado a luz es una hembra, le he puesto por nombre María, la pongo bajo tu protección y también a su descendencia". Estas palabras en boca de santa Ana dibujaban el camino que se abría para la pequeña. Al cumplir los tres años, María fue llevada al templo para consagrarla a Dios como habían prometido y allí vivió hasta que cumplió los 12 años.

Se reconoce la santidad de Ana por las muchas gracias que Dios le concedió haciéndola madre de la Virgen María y abuela del hijo de Dios hecho hombre, el Mesías, el Deseado de las naciones. Su nombre significa "gracia". Junto a san Ramón Nonato, se la tiene por patrona de las mujeres embarazadas a la hora del parto y su festividad se celebra el 26 de julio.

En cuanto a la iconografía de santa Ana, tiene gran peso el hecho de ser la abuela del Señor, y lógicamente, se la relaciona con la parentela de María. Raramente aparece sola y lo más común es una representación como "foto de familia" en la que aparece con la Virgen María y el niño, sobrevolados por el Espíritu Santo. En su vestimenta, predomina ataviada con túnica roja y la disposición en el cuadro jerarquiza la edad por el tamaño de la imagen: así, santa Ana sentada en un trono protege a María entre sus piernas, a la vez que ésta sostiene al Niño en sus rodillas.

 

Ermita de san Vicente Ferrer

(Pedramala)

 

La ermita:

 

Viniendo desde Benissa por la carretera de Benimarco y llegados a Pedramala, una señal nos indica la ermita y, tras bajar una pequeña rampa, nos recibe una plaza prácticamente circular con un mirador privilegiado que nos muestra el espléndido azul del mar Mediterráneo. Desde el Peñón de Ifach a la derecha, hasta el Cap Blanc de Moraira, a la izquierda, dominamos las playas de Calp, la costa de Benissa, el Portet de Moraira y, al fondo a lo alto el Puig Llorença.

En el rellano de la plaza hay un gran pino y una cruz de piedra a pocos metros de la puerta principal. Una barandilla metálica delimita el espacio y protege de caer por la ladera. El edificio, exento en su totalidad, se apoya sobre una zapata perimetral que en la parte delantera hace las veces de banco corrido a ambos lados de la puerta.

La fachada tiene forma pentagonal sin otro aditamento que el hueco de la puerta recta y adintelada, en sus hojas de madera, una pequeña inscripción recuerda a la Comisión de Fiestas de 1989 y una placa cerámica a la derecha que dice "Ermita de Sant Vicent Ferrer. Partida Pedramala. s. XVIII". Del encuentro de las vertientes, ligeramente retranqueada, surge la espadaña, en discordia con el resto de la obra pues su color piedra rompe con el blanco total de la ermita. En el hueco cerrado por arco rebajado está la campana y en la cumbre, ligeramente achatada hay una veleta.

Los dos planos laterales se rompen con un contrafuerte muy resaltado a cada lado que contrarrestan el empuje del arco interior; en el lado derecho, orientado a levante hay dos ventanas y en el izquierdo, sólo una, todas rectangulares, a baja altura y protegidas por rejas. A la izquierda se ha habilitado una zona de servicios para los visitantes con aseos y bancada para barbacoas y fregadero. Está unos metros separado de la ermita y no desentona en el conjunto de la edificación. En la fachada posterior, un pequeño añadido se corresponde con la sacristía.

La planta, de nave única rectangular, mide 10,28 por 4,60 metros; está dividida en dos tramos por un arco de medio punto, apoyado sobre pilastras en la línea de impostas, dos vigas maestras longitudinales se apoyan sobre este arco y los muros anterior y posterior; las viguetas transversales cargan sobre éstas y sobre los muros laterales; todas ellas, de madera vista. El espacio de bardos entre viguetas está enlucido y pintado de azul; por su parte, las pilastras, imposta y el intradós del arco han sido decorados con estuco imitando mármol rojo.

El presbiterio está a nivel de suelo y a la altura del altar, en la pared del fondo, un retablo con dos columnas y frontón enmarca una hornacina mixta, los laterales son rectos y las partes alta y baja se resuelven en semicircunferencias. En su interior está la imagen de san Vicente Ferrer. El frontón lo ocupa un cáliz y la cumbre es rematada por una cruz. El retablo se perfila de color ocre y en la hornacina se combinan el blanco con el azul. A la derecha está la entrada a la sacristía.

Recibe luz por dos ventanas en el lateral derecho, una en el izquierdo y un tragaluz integrado en la puerta de entrada.

Sus fiestas se celebran a mediados de Julio y sus principales actos, además de la Santa Misa, consisten en: Entrá de la Murta, cenas populares, actuaciones musicales, fuegos artificiales, etc.

 

 

El patrón: San Vicente Ferrer

Ver página 12

 

 

Ermita de los santos Abdón y Senén

(Lleus).

 

La ermita:

La partida de Lleus se encuentra en la confluencia de las faldas de las sierras Solana y Oltá, rodeada de montañas en el sistema de las sierras de Bernia. Se accede a ella desde Calp por el camí dels Lleus, cerca del Pou Roig o desde Benissa, por la carretera de Pinos. La población se dispersa entre extensas zonas de cultivo casi residual de uvas, almendras o aceitunas.

Un pequeño caserío configura el entorno urbano con la escuela, un pozo, una cruz de piedra y una casa de dos plantas adosada a la ermita por la derecha que tuvo distintos usos a lo largo del tiempo: casa del ermitaño, alojamiento temporal del párroco y vivienda del maestro. La explanada delante de la ermita con dos cipreses a los lados de la puerta y un pequeño jardín con plantas de secano realzan la blancura de la fachada principal.

Se inicia el culto en la ermita en los primeros años de siglo XVIII con licencia del vicario general Martí López de Vergara y se completa la obra con la bendición de la campana en 1712. En el mismo edificio está la iglesia y la casa ocasional del párroco bien diferenciadas ambas estancias a vista de pájaro por la distinta configuración de las cubiertas; la ermita es a dos aguas y la casa se cubre a una sola vertiente. En la fachada principal, la separación también la marca la altura: la ermita sería un rectángulo cerrado en lo alto por una leve imposta de donde parte una espadaña o frontón doblemente triangulado con el hueco para la campana y el vértice superior rematado con una cruz.

En el plano vertical distinguimos, en la parte que corresponde a la ermita, una puerta adintelada, sobre ella una cerámica con los santos patronos y más arriba una ventana; a la derecha, a media altura una lápida con la inscripción "Ermita del Sants de la Pedra. Partida Lleus. s. XVIII". En la parte de la vivienda, una puerta y dos ventanas a distinta altura que, en conjunto no afean a pesar de no guardar ninguna simetría.

La planta es de nave rectangular, mide 14,34 por 5,60 metros dividida en tres tramos desiguales -mayor el central- por dos arcos diafragma transversales sobre pilastras; el intradós de arcos y pilastras está decorado con pintura imitando mármol y rosetones . El primer tramo arranca con un banco de obra a cada lado y en el derecho, una pila de piedra para el agua bendita; en el segundo destaca el púlpito de obra a la izquierda y el tercero hace de presbiterio sobre dos escalones con la puerta de la sacristía a la derecha. Las paredes tienen un zócalo marrón y el resto blanco.

En el testero que es recto, tiene retablo de estilo neoclásico en el que cuatro pilastras acanaladas y capiteles jónicos sostienen un entablamento y ático con crucifijo. Una hornacina con los santos Abdón y Senén, acompañados por las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y la Purísima Concepción. A la izquierda, fuera del retablo sobre un pedestal hay una imagen de san José, y como fondo, restos de lo que fueron pinturas murales en los orígenes de la ermita. Destacamos el piso del presbiterio de losas de barro rojo y manises con dibujos.

Las fiestas de la partida se celebran el último fin de semana de julio y sus actos más destacados son: misa y procesión, degustación de productos típicos tales como: mistela y dulces, y cena popular acabada con baile y música con orquestas en directo.

 

 

 

Los patronos: san Abdón y Senén

 

La persecución que el emperador romano Trajano Decio desató contra los cristianos hacia el año 250 d.C. fue de las más terribles que se recuerdan. La Iglesia Cristiana, refiriéndose a Decio, lo califica como "ese feroz tirano". Los cristianos que rechazaran ofrecer un sacrificio pagano por el emperador y el bienestar del imperio en una fecha determinada se arriesgaban a la tortura y a la ejecución, muchos la aceptaban de buen grado convencidos de que su sacrificio les abriría las puertas del cielo.

Mientras esto ocurría, dos jóvenes hermanos venidos de Persia y de porte noble visitaban a los cautivos y recogían los cadáveres insepultos de los mártires y los enterraban en sus propiedades. Conocido esto por el emperador, mandó que los llevasen a su presencia, los recibió con la distinción que merecían por su ilustre procedencia y los conminó a abandonar su piadoso proceder y a hacer sacrificios a los dioses del imperio. "Menos que demonios y monas ridículas que se burlan de los hombres son vuestros dioses" contestaron los hermanos, sellando así su sentencia de muerte.

Decio, tomado por la ira ante tal atrevimiento, los hizo presos y los mandó conducir ante Valeriano, a la sazón prefecto de Roma, que odiaba tanto a los cristianos como su emperador y que no tardó en pedirles de nuevo la apostasía si querían salvar sus vidas. Abdón y Senén, con una sola voz, proclamaron que Jesucristo era su único Dios verdadero. Fueron azotados y como persistieran en su fe, los arrojaron desnudos al anfiteatro y les soltaron tres leones y cuatro osos hambrientos. Las fieras, en vez de atacarles, se echaron a sus pies como fieles perrillos. Valeriano no pudo soportar esta afrenta ante el pueblo de Roma y allí mismo los mandó decapitar.

En el momento en que las cabezas tocaron el suelo, los cielos se abrieron como en el Monte Calvario y una enorme granizada y pedrisco cubrió la arena y las gradas del anfiteatro. Fue el postrer milagro de nuestros mártires y de ahí les viene el sobrenombre de "santos de la Piedra" con el que son conocidos en toda la cristiandad. Sus cuerpos fueron expuestos tres días al pie de la estatua del dios Apolo hasta que un día, el subdiácono Quirino, amparado por la noche, les dio sepultura temporal. En época del emperador Constantino sus restos fueron trasladados al cementerio de Ponciano, cerca de las puertas de Roma.

Los santos Abdón y Senén son muy reconocidos en la Comunidad Valenciana como "els Sants de la Pedra". Disputan con san Isidro el patronazgo de las labores del campo y se les invoca ante el peligro del granizo, "la pedra". Su onomástica se celebra el 30 de julio.

 

Ermita de santa Teresa del Niño Jesús

(Benimarraig)

 

La ermita:

La partida de Benimarraig, al suroeste de la población de Benissa tiene su ermita dedicada a santa Teresa del Niño Jesús, ubicada junto a la carretera N-332 a unos cuatro kilómetros en dirección a Calp. Ocupa un pequeño rellano elevado sobre el nivel de la vía, acondicionado al efecto, sobre el que se asienta una sola fábrica que contiene la ermita y la escuela. Fue construida por los vecinos, en la primera mitad del siglo XX, en un terreno donado por la familia de los señores de Andrés.

Alineada con la carretera, a unos cien metros se encuentra el conjunto que nos ofrece varias particularidades: el lateral orientado al mediodía es el que podemos considerar la fachada principal porque en él están las puertas y ventanas y un singular "atrio" en forma de riurau con dos arcos frontales y uno lateral hacia la puerta de acceso a la ermita, ésta es adintelada en arco de medio punto y en su lateral derecho, una placa cerámica dice "Ermita de santa Teresa. Partida Benimarraig. s. XX". En la franja del paramento restante entre el alero de la cubierta y el tejado del riurau aparecen cuatro orificios semicirculares que pudieron ser óculos de luz al interior de la nave.

Quizás lo más original del conjunto sea que la espadaña, con hueco poligonal para la campana, al contrario que en cualquier otra ermita, no forma parte del cuerpo del templo, se coloca sobre un muro alineado a la fachada de los pies de la ermita, a la izquierda de la puerta, roto por un arco de medio punto similar a los del atrio.

En el resto del perímetro del edificio aparecen ventanas, soportes y contrafuertes para consolidar la estructura de la obra. Todo está encalado de blanco.

La planta es de nave única rectangular dividida en tres tramos por dos arcos apuntados que arrancan de sendas pilastras y en su altura se ajustan a la techumbre a dos aguas soportada por una viga longitudinal y otras transversales de madera vista. En el primer tramo, a los pies del templo está la entrada, y junto con el segundo, es ocupado por los fieles durante el culto y, en el tercero, está el presbiterio, elevado tres peldaños sobre el resto del suelo presidido por una hornacina que acoge la imagen de la Patrona protegida por un cristal.

Las fiestas en su honor se organizan por los vecinos en torno al 15 de agosto con la celebración de la misa, concursos para niños, música en vivo y degustación de productos típicos. Todo ello en la explanada desde la que se contempla el paisaje del litoral, destacando, al fondo, el impresionante Peñón de Ifach y parte de la costa de Benissa y Calp.

 

 

La patrona: santa Teresa del Niño Jesús

 

Teresa del Niño Jesús, Teresa de Lisieux o santa Teresita del Niño Jesús son los distintos nombres con los que el santoral católico conoce a nuestra patrona. El diminutivo Teresita, el más cariñoso, le ha sido reconocido por su temprana inclinación a la oración y a las pequeñas cosas del día a día hechas por amor a Dios, eran su pequeña vía, su camino para llegar a la infancia espiritual, "...puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad", proclamaba, aún reconociendo que sus méritos estaban tan alejados de los merecimientos de los otros santos como el tamaño de una montaña del de un grano de arena.

Marie Françoise Thérèse Martin nació en la ciudad francesa de Alençon, el 2 de enero de 1873. Era la hija menor de cinco hermanas, dos varones murieron en la niñez. Sus padres: relojero y costurera educaron a la prole en la fe y en el temor de Dios. Tres acontecimientos marcaron la infancia de Teresa: cuando tenía cuatro años falleció su madre; un revés de fortuna hizo a su padre vender la relojería y mudarse a Lisieux, en la baja Normandía y, ya en esta ciudad sus dos hermanas mayores, Paulina y María entraron en el convento de las Carmelitas Descalzas. Siempre envidió Teresa la suerte de sus hermanas y deseó con impaciencia seguir su camino, pero su corta edad no se lo permitía. En audiencia concedida por el Papa León XIII le fue concedida la dispensa y con tan solo 15 años abrazó el Carmelo que tanto había deseado.

En el convento fue maestra de novicias, con tal vocación apostólica que era difícil sustraerse al entusiasmo que transmitía con su fe, inspirada en la lectura del evangelio y en el camino de perfección que había trazado la Madre Fundadora, Teresa de Jesús.

Movida por el amor de Cristo, su único esposo, nos ha dejado, entre otros testimonios, tres manuscritos: por el primero conocemos datos autobiográficos, recuerdos de su familia, su infancia y adolescencia; el segundo ilustra de manera impresionante el grado de santidad al que había llegado, especialmente por el descubrimiento de su vocación en el corazón de la Iglesia, es el retrato de su alma y la descripción de sus experiencias más íntimas; el tercero, escrito ya cuando la salud le daba la espalda, está dedicado a la Madre María de Gonzaga, priora del Convento.

En 1897 enfermó de tuberculosis y ya nunca volvió a salir de la enfermería. Sus últimos meses de vida se vieron envueltos entre grandes padecimientos físicos que soportaba con la contemplación de un lienzo de la Santa Faz que tenía colgado en las cortinas de su cama. El 30 de septiembre del mismo año, Teresa exhaló su último suspiro.

Cumplidos los veinticinco años de su muerte, durante el pontificado del Papa Pío XI, se produce el reconocimiento de las virtudes practicadas en su corta vida y es elevada al túmulo de santidad: en 1923 es beatificada, canonizada en 1925 y, por último, en el centenario de su muerte, en 1997, Juan Pablo II la nombra Doctora de la Iglesia, título que solo otras tres mujeres ostentan: santa Teresa de Ávila, santa Catalina de Siena y santa Hildegarda de Bingen.

Se conmemora su onomástica el día 1 de octubre y es patrona de las misiones católicas junto con san Francisco Javier.

Ermita de san Jose

(La Fustera)

 

La ermita:

 

A la ermita de san Jose, popularmente conocida como la capilla de la Fustera, se accede directamente desde la avenida de la Fustera, que es el eje principal de la partida rural del mismo nombre. Si bien, hoy la Fustera dista mucho de ser una partida rural, habiendo pasado a ser un enclave turístico y residencial, ocupado por una multitud de chalets, afortunadamente bien integrados en el territorio y conservando una masa forestal que cubre o disimula las construcciones unifamiliares.

Ocupa una plaza trapezoidal en la confluencia de la calle Cigró con la avenida de la Fustera; desde ésta tiene dos accesos, uno para vehículos, directamente a la plaza y otro peatonal, por el que hay que salvar un desnivel entre la avenida y la plaza subiendo una escalera de media docena de peldaños. Inmediatamente a la izquierda queda una cruz de hierro calado con un festoneado interior, también metálico, colocada sobre una peana rectangular y una basa poligonal. Al frente, a poca distancia, se muestra el cuerpo de la ermita, más anclado que levantado del suelo, sin ningún elemento constructivo que nos haga pensar que estamos ante un lugar de culto. No tiene espadaña ni campana.

Es una construcción exenta, con parámetros que se alejan mucho de lo que estamos acostumbrados a ver en la ermitas que nos preceden. La planta es en forma de T; el cuerpo principal carece de paramentos verticales, constituyendo los laterales y la cubierta un todo continuo de sección parabólica, en la que no existe diferenciación entre los laterales y la cubierta sino por una cornisa a media altura a modo de alero para proteger los ventanales.

La fachada principal, dividida en dos por una jácena horizontal, es toda de material removible; una gran puerta rectangular de madera que puede abrirse para que los fieles sigan el culto desde la explanada; sobre ella un panel blanco rectangular con una cruz latina de madera: los lados del panel hasta la curva de la cubierta se cierran con paneles traslúcidos rectangulares de distintos colores. Los laterales están recorridos por grandes ventanales a media altura que proporcionan mucha claridad al interior.

En el interior la parte útil para el culto en la nave principal, de planta prácticamente cuadrada, está ocupada por sillas en lugar de los clásicos bancos de la iglesias cristianas y lo más destacado es el presbiterio, elevado del resto por dos peldaños, presidido por una cruz doble de madera y un Cristo de hierro, de factura muy rompedora con los cánones clásicos. En los costados que anteceden al presbiterio, sobre un pedestal hay una imagen de san José a la izquierda y otra de la Purísima Concepción a la derecha.

El cuerpo transversal es rectangular, se acopla con el principal mediante una cúpula de cuarto de esfera, elevada sobre la cubierta con abertura en forma de gajo de naranja por la desigual curvatura de las circunferencias; esta abertura proporciona luz al presbiterio que está bajo la intersección de los dos cuerpos. El ala izquierda de la T se aprovecha como porche y el resto son dependencias del templo. La cubierta es a cuatro aguas de muy poca pendiente.

Fue construida en la década de los 80 del siglo pasado, con adscripción a la Comunidad Parroquial de Benissa; pero pronto fue cedida a la Capellanía Anglicana de la Costa Blanca y ahí celebran su culto y otras convocatorias típicas de esta Confesión.

 

 

El patrón: san José

 

«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando», dice María a Jesús cuando le encuentra en el Templo, discutiendo con los doctores, al cabo de tres días perdido durante la peregrinación anual a Jerusalén. Este pasaje lo cuenta san Lucas en su evangelio (Lc 2, 41-45) y es la última mención que se hace a san José en la Biblia.

Por aquel entonces Jesús tenía 12 años y a partir de aquí a José se le menciona como referente en la filiación de Jesús, como es costumbre en el pueblo judío: "Jesús, hijo de José" se repite con frecuencia.

Se piensa que José murió antes de comenzar la vida pública de Jesús, pues no se habla nada de él pese al revuelo que levantaba Jesús y a la cantidad de personas que aparecen a su alrededor; ni siquiera en el relato de la Pasión, como cabría esperar que el padre estuviese presente. Tampoco se conoce una palabra dicha por José y es por esto que también se le conoce como el "Santo del silencio".

Por la forma en que san Lucas narra la anunciación del ángel a María, que la presenta como “una virgen desposada con José de la casa de David”, sabemos su genealogía y que ciertamente estuvo casado con la virgen y que fue padre putativo del Redentor, a cuyo nacimiento asistió en Belén.

Tras la huída y vuelta de Egipto vivió en Nazaret ejerciendo el oficio de carpintero y como buen padre, educaba a Jesús y el niño crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”. Son datos que pertenecen con certeza a la tradición histórica recogida en los evangelios.

Su imagen permaneció en la sombra aún después de su muerte. El culto a san José comenzó posiblemente durante el siglo IX entre las comunidades cristianas de Egipto pero el gran salto en su imagen se producirá gracias a santa Teresa de Jesús, que declaró "Tomé por abogado y señor al glorioso san José y encomendéme mucho a él..." y lo convirtió en patrono de los conventos carmelitanos reformados.

En 1621 el Papa Gregorio V estableció el 19 de marzo como su onomástica y fiesta de precepto; celebración que se mantuvo como precepto hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Nuevos reconocimientos vinieron después, Pío IX lo declaró patrono de la Iglesia universal en el año 1870 y casi cien años después, en 1955, Pío XII instituyó la fiesta de san José Obrero el 1 de mayo.

Dentro del cristianismo, san José encarna las virtudes de la honestidad, el amor al trabajo y la fe inquebrantable en Dios. Es patrono de la familia, de la Iglesia universal y del trabajo y los obreros.

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Bibliografía.:

·        Francisco Llopis Blasco. Libro de fiestas de Moraira. Teulada. 1981.

·        Joan Ivars Cervera y Jaume Buigues Vila. El Patrimonio Artístico-Monumental de Teulada. Teulada, 1999.

·        Ramón Candelas Orgilés. Las ermitas de la provincia de Alicante. Alicante, 2004.

·        Vicente Llopis, Calpe, Alacant, 1990.

·        Pedro Pastor, Calpe, gentes y hechos, Calp, 1994.

·        Pedro Pastor, Calp, ayer y hoy, Calp, 1997

·        J. L. Luri Prieto y J. A. Sala Jorro, Calpe, tierra y almas. Ediciones Calpinas. Alcoy, 2002.

·        Joan Josep Cardona Ivars, Diccionari benisser, Alacant, 2011.

·        Joan Josep Cardona Ivars, Pinos, una societat humana a la serra de Bèrnia, Benissa, 2005.

·        Joan Josep Cardona Ivars (Coord.), L'ermita de santa Anna de Benissa (1613-2013), Barcelona, 2013.

·         Luis Carandell. El santoral, Madrid,1996